En el colegio aprendimos que si alguien te golpea en la cabeza, y no reviras, no ripostas, te caen todos a darte “guayuyo”, aquél perrateo del que también era objeto quien permanentemente la embarraba, o se mantenía diciendo babosadas.
Son tan agobiantes los males que afectan a la vecina Soledad, y tan descomunales por ende los retos que enfrenta su actual administración, que si los gobiernos departamental pero sobre todo nacional, no le dan una mano, no habrá poder humano que pueda levantar y poner a andar ese municipio.