La masacre de 12 campesinos en Macayepo quedó registrada como una de las más crueles en la historia de la violencia colombiana. Este corregimiento de El Carmen de Bolívar le debe gotas de sangre a uno de sus propios hijos: Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, se convirtió en el verdugo de sus paisanos.
La alegría colectiva se convirtió en una noche de muerte y horror. Lanzando gritos amenazantes, desconocidos vestidos de militares irrumpieron en la parcela de Teresa Martínez y dispararon sus fusiles contra hombres, mujeres y niños que participaban en el fandango del Domingo de Resurrección.
La muerte de Linda Johana Fontalvo fue el final de una cacería de brujas que abanderó, sin prever las consecuencias, gran parte de la comunidad del municipio Zona Bananera, Magdalena.
Mientras los ‘paras’ preparan sus confesiones en la cárcel, los dolientes de muertos y desaparecidos organizan rifas, prestan dinero y venden animales para viajar y escuchar a los victimaros.
El paramilitarismo dejó de ser un hecho de criminalidad y se convirtió en el problema político más grande de Colombia. La afirmación del académico Gustavo Duncan, especialista en conflicto armado, resume cómo durante más de 20 años, las autodefensas lograron establecer...
EL HERALDO realizó una serie de reportajes sobre algunos de los sucesos más tristes del fenómeno paramilitar en la última década; aquellos con mayor impacto negativo en comunidades y pueblos, y que más heridas profundas causaron en la Costa Caribe.
Lo primero que vio Óscar Barrios, después de mucho escarbar, fue la barriga de su tío. El cuerpo del maestro Roberto Llanos había sido desmembrado en seis partes. Los paramilitares descuartizaron al docente para facilitar el entierro en una fosa de apenas un metro cuadrado.
Un día antes de la desaparición, Israel Roca habló con su esposa sobre lo que debía hacer en caso de que algo le sucediera. Le pidió a su mujer que cuidara a los niños y le advirtió que si llegara a ausentarse no debía quedarse sola.
Cuando los habitantes de Nueva Venecia escuchan por las noches el ronquido de un motor fuera de borda se llenan de temor, y a la memoria les viene el recuerdo de la sangrienta madrugada del 22 de noviembre de 2000, cuando 60 paramilitares irrumpieron en esa población de la Ciénaga Grande de Santa Marta y masacraron a 45 de sus habitantes, todos pescadores.
Ana Epinayuu limpia sus lágrimas cuando recuerda el momento en que a su sobrina Margoth Ballesteros Epiayuu, después de asesinarla a tiros, la sentaron en una silla de mimbre y la decapitaron de un tajo.
Los cinco niños que asisten al colegio en Las Palmas están convencidos de que Marlon Cerpa, su profesor, es un sabio. Los menores, que nunca han salido del pueblo, boquiabertos escuchan la voz de su maestro cuando les habla de un mundo irreal.
A Idal Antonio Arévalo González todo el mundo en Playón de Orozco lo recuerda como el mejor futbolista del pueblo y de sus alrededores. “En eso nadie le veía media por aquí”, dice sonriendo Martín Palacín, de 28 años, al recordar los días en que armaban partidos de bola e’ trapo en medio del polvorín espeso y amarillo de las calles de ese corregimiento del El Piñón, en el Magdalena.