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Al margen

Publicado: 5/2/2009 4:47:01 AM Por: Carlos A. Sourdis Pinedo

A lo mejor no es que te estés volviendo loco


“Los doctores son personas que prescriben medicinas de las que saben poco, para curar enfermedades de las que saben aún menos, en seres humanos de los que no saben nada” - Voltaire (1694 – 1778).



¿Escuchas un zumbido agudo, constante y permanente, como si una atormentadora nube de grillos chillones te siguiera adonde quiera que vayas, día y noche, pero la gente a tu alrededor parece no percibirlo?

¿Notas que este zumbido, que a veces parece provenir del interior de tu cabeza, se incrementa en intensidad hasta un nivel enloquecedor tan pronto se detiene el sonido del ventilador o del acondicionador de aire de tu habitación?

¿Recuerdas un momento de tu vida en el que no sufrías esta molestia, y te preguntas cómo sería tu existencia si pudieras volver a disfrutar del verdadero silencio?

Entonces, lo más probable es que sufras de un estado patológico llamado tinitus desde la antigüedad romana, y conocido como acúfenos por la ciencia moderna.

Aunque tampoco es que fuera una patología muy mencionada por esa ciencia moderna hasta hace unos pocos años, cuando todavía no era muy conocida ni siquiera entre los médicos no especializados en patologías auditivas.

Y los expertos todavía se preguntan si es de origen acústico o neurológico.

Hice mis propias investigaciones al respecto gracias a motores de búsqueda de la era pre- Google, hoy ya pasados de moda, como Hot Bot, siempre a la caza de resultados, en inglés o en español, que pudieran aclararme el origen del zumbido, o simplemente para descubrir si existían otras personas que compartieran esta condición tan incómoda.

Fue así como en aquellas remotas búsquedas di con un portal en el que se menciona un sonido conocido como el Hum de Taos, nombre que no tiene ninguna relación con la filosofía taoísta sino con un pueblo gringo llamado Taos, en el desierto de Nuevo México.

Muchos habitantes de este pueblo se han quejado de ser perturbados, día y noche, por un sonido de baja frecuencia, hasta el punto de haberse tomado el trabajo de reunir el número suficiente de firmas para que el congreso gringo les enviara una comisión a investigar el asunto.

A pesar de que me pareció una información fascinante (hay gente que atribuye la fuente del aquel sonido a una interferencia de origen extraterrestre), pronto descubrí que parecía no tener nada que ver con el ruido que yo escucho, el cual, como he dicho, es agudo como un pitido.

En cambio, el escuchado por los habitantes de Taos y de sus alrededores es grave, de baja intensidad, tal como el producido por un órgano de catedral cuando se oprime la tecla que está del todo a la izquierda.

Así que, una vez quedó descartada la delirante teoría de estar siendo víctima de la transmisión quizá originada desde alguna nave extraterrestre, seguí buscando. Desde el primer clic que hice al iniciar aquellas investigaciones pasaron varios años antes de que por fin alguien colgara en la web la información que yo necesitaba (o por lo menos sólo hasta entonces pude yo encontrarla), liberándome de la lógica sensación de estar perdiendo la razón, producida por escuchar un sonido que nadie más a mi alrededor parecía escuchar.

Experimenté un gran alivio (aunque tampoco voy a decir que haya llegado a estar al borde del pabellón psiquiátrico), ya que aquella información no sólo me dejó en claro que el sonido tenía nombre (tinitus) y que no era cosa sólo mía, a pesar de enterarme a reglón seguido de que ciertas personas pueden verse empujadas a profundas depresiones, e incluso contemplar la idea del suicidio para poner fin a lo que se ha convertido en un tormento ya del todo insoportable para ellos.

Esto es lo que me ha llevado a escribir esta entrada de blog, con la esperanza de brindar esperanzas a quienes puedan llegar a sentirse igual de atormentados. Ya hay varias organizaciones y fundaciones creadas con el fin de investigar este síntoma crónico, y hallar una cura.

De acuerdo con las últimas informaciones halladas (cada vez hay mucha más en internet) al menos una de cada diez personas sufre esta patología con diversos grados de intensidad, en ambos oídos o sólo en uno (yo lo escuchó en un esplendoroso stereo).

Descubrí también que los antiguos romanos solían instalar fuentes cerca de las habitaciones de sus residencias (al menos aquellos patricios que podían permitirse el lujo de hacerlo, me imagino) para que el murmullo del agua aliviara este acoso auditivo y facilitara el sueño de los habitantes o invitados víctimas de esta perturbación.

Hoy en día muchas pacientes recurren a lo mismo que yo: mantener funcionando algún aparato zumbón en las cercanías para disimular o distraer la percepción del sonido, tal como hago con el ventilador, hasta en lo más crudo del invierno, algo que saca de quicio a algunas de las personas que visitan mi apartamento, por no hablar de la paciencia de mi cónyuge, permanentemente puesta a prueba debido a esta situación.

La verdad sea dicha, parece que aún no se ha avanzado mucho en la búsqueda de una cura. El consejo más frecuente que dan los expertos consiste en someterse a una terapia para aprender a convivir con el ruido, a no prestarle atención.

Ya que, según dicen (y al menos así sucede en mi caso), es posible dejar de ser consciente de él, relegarlo al olvido, y sólo prestarle atención (a la fuerza) en lugares y momentos muy silenciosos (en realidad falsamente silenciosos, para los pacientes) o cuando alguna inoportuna asociación mental lo trae de regreso a la memoria y, por ende, al umbral de la conciencia.

También abundan ahora los (presuntos) médicos online que, después de darte esperanzas describiéndote a la perfección el problema, con todos sus síntomas detalladamente explicados, te piden enviar dinero para que a vuelta de correo recibas un kit medicinal capaz de curarte “en pocas semanas”.

En estas páginas se suele citar cinco o veinte testimonios de personas que supuestamente intentaron dejar de oírlo mediante la aplicación de otros sistemas, quienes te explican además que todos sus intentos resultaron fallidos a la larga, y que sólo lo lograron cuando ensayaron con el kit en cuestión.

Al igual que con tantas dietas, tratamientos para dejar de fumar o remedios para la calvicie.

No es fácil juzgar la calidad de estas medidas cuando uno no las ha puesto a prueba, pero la prudencia aconseja evitar esta alternativa para no terminar como una posible víctima más de uno de esos fraudes cibernéticos en los que tantos incautos caen a diario a través de internet.

No tiene sentido copiar aquí los enlaces para acceder a las páginas web dedicadas a suministrar información sobre el tinitus o a sugerir posibles tratamientos.

Basta con acudir al gran oráculo, Google, teclear en la barra de búsqueda “tinitus” (con una sola n), “tinnitus” (con dos, lo que conducirá a obtener resultados en inglés, idioma en el que se encuentra diez veces más información que en español) o “acúfenos”, para dar con literatura asociada a este tema, o con asociaciones y fundaciones que dedican sus esfuerzos a la investigación sobre esta ruidosa y molesta enfermedad.

Pero, quién sabe, a lo mejor lo indicado es usar un gorro de aluminio cubriendo el cráneo.

Para evitar las interferencias extraterrestres.



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Carlos A. Sourdis Pinedo

Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el medio ambiente, la ciencia y la cultura.

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