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Al margen

Publicado: 2/17/2009 8:12:57 AM Por: Carlos A. Sourdis Pinedo

La muerte, una buena consejera


“Pregúntate si el sueño del cielo y la grandeza nos está esperando en nuestras tumbas, o si más bien debería ser nuestro ahora y en esta tierra”. (Ayn Rand, escritora rusa- estadounidense, 1905 - 1982).



Uno de los peores pecados que puede cometer el ser humano es creer que tiene tiempo.

Este erróneo concepto nos induce una y otra vez a la injustificada sensación de que podemos aplazar las cosas, dejarlas “para mañana”.

Pero, en la práctica, sólo tenemos el aquí y el ahora: este minuto (o, más bien, este segundo) y este lugar en el que estamos.

El presente se convierte así, bajo este punto de vista, en una fina membrana que separa a dos ilusiones recurrentes: el pasado y el futuro.

Pero es todo lo que tenemos.

Porque, ¿qué es el pasado (aparte de la experiencia que nos aporta lo vivido) sino un conjunto de recuerdos cada vez más borrosos, condenados a irse deshaciendo bajo el inflexible paso del tiempo?

¿Y puede existir algo más ilusorio para los bichos mortales que el futuro, algo más incierto?

De acuerdo con cierta tradición chamánica del antiguo México, la muerte, nuestra propia muerte, nos acompaña todo el tiempo.

“Tu muerte está a tu izquierda, al alcance de tu brazo, siempre a tu lado”, le explica el chamán yaqui don Juan Matus a Carlos Castaneda, según lo relata este último en su obra Las enseñanzas de don Juan (1963).

Y en cualquier momento nos pone la mano sobre el hombro, y nos dice: “hasta aquí llegó la cosa, nos vamos”. Y punto.

¿Tiempo? Ni para hacer el equipaje.

Todas las horas vividas no garantizan que vivamos siquiera una más. Ni siquiera un minuto, así sea que gocemos de una envidiable salud.

Pero no se trata esto de convertir la muerte en una obsesión morbosa, enfermiza.

Todo lo contrario. Según el chamán le explica a Castaneda, la persona consciente de su mortalidad, de la permanente proximidad de su final, utiliza esa certeza como un vehículo liberador, como un instrumento para “darle filo” a su vida.

Entonces se vive cada instante de la vida sin desperdicio, como si fuera el último, porque muy bien podría serlo. “De esta manera, la persona de conocimiento convierte a la muerte en su aliada, en su mejor amiga”, dice don Juan.

Según éste, tener conciencia de la propia muerte es el comienzo en el largo camino para lograr lo que él llama “la impecabilidad”.

¿Y qué es la impecabilidad?

Dejemos que sea el mismo Castaneda quien la defina, con el siguiente ejemplo:

“Atravesábamos un día un barranco de paredes muy escarpadas; un enorme peñasco se desprendió de su sostén rocoso y cayó con fuerza formidable al fondo del cañón, a veinte o treinta metros de nosotros. El tamaño de la piedra hizo que su caída resultara impresionante. Dijo que la fuerza que rige nuestros destinos está fuera de nosotros y nada tiene que ver con nuestros actos ni con nuestra voluntad. En ocasiones, esa fuerza nos lleva a detenernos en el camino para inclinarnos a atar los cordones sueltos de los zapatos, como yo acababa de hacer, y ganar así un momento precioso. De seguir adelante, era indudable que el inmenso trozo de roca nos hubiese aplastado. No obstante, otro día, en otro desfiladero, era probable que la misma decisiva fuerza exterior nos obligara a anudarnos los cordones en el preciso lugar sobre el cual descendiera un canto rodado de iguales dimensiones. En ese caso, nos hubiese hecho perder un momento precioso: de continuar caminando, nos habríamos salvado. Don Juan concluyó que, dada mi total falta de control sobre las fuerzas que decidían mi destino, el único acto de libertad posible consistía en atarme los cordones impecablemente”. (Carlos Castaneda, El segundo anillo de poder - 1977).

¿Entonces? Pues a amarrarse bien los cordones, y no perder ya más tiempo.

Ya está bien de esas doctrinas derrotistas que nos inducen a malgastar nuestro presente haciendo méritos para obtener un mejor futuro, cegados por la promesa de un incierto paraíso en el más allá.

La vida es el ahora. Más nada.



Ilustración: Arcano No. 13 del Tarot, en la versión de Rider- Waite.



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Carlos A. Sourdis Pinedo

Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el Medio Ambiente, la Cultura y la Ciencia.

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