Cruzando la calle con luz en rojo: los cibernáutas suicidas
“We have to be very strong if we want to do something very wrong” (*). (Fragmento de la canción I want to sing you a song, del dúo chino My Little Airport)
Eso de que internet nos ha cambiado la vida, el modo en que hacemos todo hoy en día (divertirnos, trabajar, comunicarnos, estudiar), adquiere últimamente un tinte más bien macabro.
El martes pasado un ciudadano polaco se estrangulo el día de su cumpleaños número 27, colgándose de una cuerda en su apartamento mientras transmitía las imágenes para varios cibernáutas y sus padres dormían en la habitación contigua.
Los amigos con los que celebró esa noche su último cumpleaños en un bar de la ciudad de Zargorz lo notaron un tanto deprimido, pero cuando anunció que tenía “una sorpresa preparada” para esa fecha a ninguno se le ocurrió que hablaba de ahorcarse, y mucho menos ante su cámara web encendida.
No ha sido el único incapaz de abandonar este mundo privadamente.
En noviembre pasado un afrodescendiente de 19 años, Abraham Biggs, también se suicidó ante su cámara web en Pembroke Pines (Florida, EU), después de anunciar en un chat de fisicoculturistas que se disponía a ingerir una sobredosis mortal de pastillas.
Algunos de los cincuenta usuarios del chat que presenciaron aquello, que escuchaban o leían la amenaza del joven, le animaron a tragarse rápidamente las píldoras. Y él se las tragó.
Algo parecido ocurrió en 2007, en el caso de Kevin Whitrick, un inglés de 42 años (padre de gemelos de 12) residente en Wellington: varios de sus interlocutores en la web lo estimularon a que se colgara del cielorraso de su habitación, mientras el hombre se ataba al cuello la cuerda con la que segundos más tarde se quitaría la vida.
Un diario asegura que Whitrick fue el primer británico en transmitir por la web su suicidio “en vivo”, pero lo cierto es que internet ya había demostrado anteriormente ser una herramienta de extraño y poderoso atractivo para los suicidas.
En Japón existen desde hace más o menos una década “clubes de suicidas online”, en los que participan miles de personas (sobre todo jóvenes), intercambiando ideas y haciendo planes sobre la manera de matarse, fijando pactos para hacerlo al mismo tiempo, en “grupos virtuales”, como si así obtuvieran algún descuento.
En 2004, Naoki Tachiwana, un empleado bancario de Tokio, de 24 años entonces, le confesó a Andrew Harding, reportero de la BBC, que toda su vida había sentido atracción por el suicidio (curiosa tendencia histórica en la sociedad nipona).
“Sufro de depresión”, le explicó al periodista, y añadió que descubrir en internet tanta gente deseosa de hacer lo mismo fue “un alivio” para él. “Es como atravesar una calle cuando la luz está en rojo… No da tanto miedo cuando lo haces con otros”, comentó el aspirante a suicida.
Tal vez pensaba en los 26 japoneses que se habían quitado la vida de esta manera a lo largo de los dos meses anteriores a aquella entrevista.
He leído que en muchos casos estas personas, cuando anuncian sus intenciones, lo que buscan en realidad es que alguien les haga detenerse, desistir de su idea, encontrar un ser lo suficientemente humano que les dé siquiera una razón para seguir vivos.
Pero, por lo visto, si este tipo de mensaje salvador se busca a través de internet existen muchas probabilidades de hallar todo lo contrario.
“Eres un idiota incapaz, ni siquiera sabes cómo anudarte bien un lazo alrededor de la garganta”, fue uno de los últimos mensajes que recibió de sus prójimos el británico Kevin Whitrick al final de su vida.
Cierro esta entrada de blog con las palabras del ensayista y editor Norman Cousins:
“La pérdida más grande en la vida no es la muerte. Es aquello que muere dentro de nosotros mientras estamos vivos”.
Y tal parece que lo que ha muerto dentro de muchos congéneres es la piedad.
(*) Traducción: "Tenemos que ser muy fuertes si queremos hacer algo muy equivocado".
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Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el Medio Ambiente, la Cultura y la Ciencia.