“Si dependiera de mí, yo cerraría Guantánamo no mañana sino esta tarde. Esencialmente, hemos estremecido la creencia que el mundo tenía en el sistema judicial de América. Y nos está causando mucho más daño que cualquier beneficio que podamos obtener de ella”, (Gen. Colin Powell, ex secretario de Estado de los Estados Unidos).
Se acabó el waterboarding en Guantánamo.
No. No es un torneo deportivo acuático celebrado en esa bella playa cubana, ahora mancillada por la presencia de una de las cárceles más infames que haya conocido la humanidad en los últimos tiempos.
El waterboarding es el método favorito de tortura física adoptado como sistema de interrogatorio por el gobierno de Estados Unidos para “entenderse” con los prisioneros islamistas que llevan casi ocho años encerrados ilegalmente en esa prisión, incomunicados y sin acceso a un abogado, violándose así todos los principios del Derecho Internacional Humanitario, las disposiciones de la (cada vez más ) irrelevante ONU, e ignorando la voz unánime de protesta de cientos de reconocidas y prestigiosas ONG’dedicadas a promover el respeto por la dignidad y el bienestar humanos.
Ya sabemos (o al menos creemos) que en sus instalaciones no se han cometido atrocidades semejantes a las de Auswichtz, Dachau ni otros campos de concentración nazis.
Pero sin duda la creación de esta prisión en la base militar estadounidense de Guantánamo se inscribe en la misma tradición impuesta por los nacionalsocialistas alemanes en sus centros de exterminio masivo durante la Segunda Guerra Mundial: la xenofobia violenta, la ignorancia asociada a la brutalidad criminal y el más olímpico desprecio por todo lo representado en la manida y cada vez más pisoteada expresión “Derechos Humanos”.
Es el grotesco hecho de que los métodos de tortura aplicados en Guantánamo hayan sido promovidos y empleados por el gobierno de una nación que se autoproclama como campeona universal de los derechos humanos, garante absoluto de la democracia y la libertad, lo que convierte a esta prisión en un caso especialmente aberrante, inaceptable e infame.
Por no mencionar los horrores que padecieron los reclusos en el presidio iraquí de Abu Grahib. (Dos de cuyas asquerosas fotografías se reproducen con este artículo).
El waterboarding, por mucho que el oscuro y nefasto gobierno de George W. Bush lo haya negado e intentado ocultar, no es más que tortura pura y dura, un método martirizante que data de los interrogatorios practicados por el “Santo Oficio” durante la terrorífica (y también “Santa”) Inquisición para que los acusados se declararan así culpables de brujería, herejía o cualquier otro ridículo cargo que se les imputara.
El escritor Christopher Hitchens, en un reportaje para la prestigiosa revista Vanity Fair, accedió a someterse ante las cámaras a este tipo de suplicio. Que cada cual lo mire y saque sus conclusiones. Las imágenes están disponibles en Youtube. (Y a pesar de que resultan chocantes, se debe tener en cuenta que Hitchens, quien tan sólo toleró esta prueba durante unos segundos, sabía que lo iban a soltar y a dejar de echarle agua por la boca y por las fosas nasales tan pronto él hiciera un leve gesto con su mano, y que nadie lo insultaba ni lo golpeaba ni lo sometía a tortura psicológica).
Barack Hussein Obama hizo del cierre de la prisión de Guantánamo y de la prohibición de la tortura en este lugar el primer acto presidencial de su gobierno.
Lo hizo en su primer día como residente de la Casa Blanca, tras haberse acostado (no creo que a dormir) tan sólo durante dos horas, después de la fiesta de posesión.
La rapidez con que dio a conocer esta decisión, y la decisión misma, merecen un aplauso mundial (al menos el de la gente sensata) y casi histórico, aunque éste no sea más que un breve primer paso en el largo y duro proceso que tendrá que acometer el nuevo presidente para reparar todo el daño causado por las dos sucesivas administraciones de George W. Bush, y quizá devolverle a Estados Unidos la imagen de país no sólo libre y democrático, sino también respetuoso de la libertad de otros países, ya sean democráticos o no.
Por favor mantenga su opinión relacionada con el tema, no usar insultos, agresiones, faltas de respeto al autor y otros participantes de la discusión; no hacer publicidad. En caso de no hacerlo su comentario o registro pueden ser borrados. Términos y Condiciones
Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el Medio Ambiente, la Cultura y la Ciencia.