“Sólo existen dos cosas infinitas: el Universo y la Estupidez Humana. Y tengo mis dudas sobre el primero”. (A. Einstein, 1879 – 1955)
“Una persona muerta y 32 heridas, así como 15 caballos sacrificados fueron el saldo de las corralejas”, dice El Heraldo hoy en su primera página digital.
¡Qué barbaridad! (Y no se menciona el número de toros, toretes, novillos y becerros masacrados).
¿Puede haber siquiera un sincelejano que se sienta orgulloso al ver esto?
¿Y todavía hay descerebrados que hablan de elevar esta masacre a nivel de patrimonio cultural?
Pues sí, por lo visto hay muchos, de los unos y de los otros. De los que se sienten orgullosos y de los que creen que esto de verdad tiene algo que ver con la cultura.
¿Resulta inhumano pensar que duelen mucho más las crueles muertes de los astados y los caballos que la de una persona que se metió al ruedo para sumarse alegremente a la tortura de los animales?
No lo creo. Me parece que es todo lo contrario. Porque buena parte del relativo humanismo del ser humano se mide precisamente por la bondad y protección que le brindamos a los seres supuestamente menos evolucionados, con los que compartimos este pobre planeta.
El entusiasta muerto en estos actos degradantes por lo menos se lo busca él mismo. Es víctima de su propia crueldad e ignorancia. “Fue por lana y salió trasquilado”, como dice un aforismo popular.
A la familia del occiso tal vez le quede de amargo consuelo saber que toda persona herida o muerta durante las corralejas no hace más que ponerle a la “fiesta” ese toque que todos los aficionados a esta salvajada quieren ir a ver, ese detalle que hará que algunos comenten (cretinamente satisfechos) que “este año las corralejas sí estuvieron buenas”.
Porque en este increíble acto de brutalidad popular no es suficiente con ver correr la sangre de los animales torturados.
No. Claro que no. Según los retorcidos estándares de la corraleja, también es deseable ver en el ruedo algo de sangre humana para que la cosa sea más divertida.
Por no hablar de la odiosa y humillante escena que hay en ver a la gente adinerada, la de la "alta sociedad sucreña", los ganaderos y hacendados, arrojando indolente y homicidamente sus monedas y billetes frente a los toros para que los muertos de hambre expongan su vida al recogerlos del ruedo.
Pero los animales no eligieron esto. Ellos no entran voluntariamente al ruedo a divertirse con el padecimiento ajeno. Ellos sólo ponen la cuota de sufrimiento y de dolor.
Más de 80 caballos han sido han sido destripados durante los últimos cinco años por las cornadas de los toros, añade la noticia. Todos ante los aplausos de la turba enardecida por el licor.
Nuevamente: ¡qué barbaridad!
Pero ese no es el único saldo negativo que dejan estos eventos. También hay que tener en cuenta esa perversa deformación conceptual que se induce en los niños, en los menores que desde temprana edad, al ver a sus mayores divertirse de este modo despiadado, heredarán la maldita tradición de tomarse la carnicería sin sentido como si fuera algo de lo más lindo y aceptable.
Hablando de sangre humana y diversión, leo también en la noticia que hace casi treinta años, cuando los palcos hechizos se desplomaron, muriendo como consencuencia unas 700 personas en Sincelejo, la Gobernación emitió un comunicado oficial en el que atribuía la tragedia a “un acto de Dios”. Y a continuación declaraba la cancelación indefinida de las corralejas.
Ya sabemos que éste no es el primer caso en el que las consecuencias de la estupidez humana terminan achacándosele a Dios, pero me parece que de todos modos éste puede ser el comunicado oficial más sensato y acertado que haya expedido jamás la Gobernación de Sucre durante toda su existencia.
Pimero, por haber cancelado las corralejas. Segundo, porque, si de verdad existe un Dios, es precisamente a esto a lo que debía dedicar la mayor parte de sus esfuerzos.
Punto aparte: Me permito sugerir a los familiares de la víctima mortal de este año en las corralejas de Sincelejo que interpongan inmediatamente una acción judicial penal contra la Alcaldía Municipal, pues se supone que este organismo es la autoridad que debería velar por la seguridad de los ciudadanos, en vez de darle su beneplácito y promover a una actividad que evidentemente atenta contra la salud pública. Me parece que el único recurso legal posible contra esta acción judicial se daría en el caso de que la Alcaldía pudiera mostrar un consentimiento firmado por la víctima, en el que se le hubiera advertido sobre los peligros que corría al ingresar al ruedo (es increíble que todavía se sientan con la autoridad moral suficiente para imponerle una multa a un motociclista por no llevar casco, o a un conductor de carro por no llevar puesto el cinturón de seguridad). Y no hago esta sugerencia pensando tanto en la compensación económica que podrían obtener, sino en el ejemplo que podrían dar para poner fin de una vez por todas a esta cruel demostración de barbarie. Así por lo menos esta muerte no habrá sido en vano.
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Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relativos al Medio Ambiente, la Cultura y la Ciencia.