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Al margen

Publicado: 1/3/2009 7:00:15 AM Por: Carlos A. Sourdis Pinedo

¿Será ésta la última mentira de George Bush?


“La inteligencia militar es a la inteligencia lo que la música militar es a la música”. (Albert Einstein, 1879 - 1955)



Y ahora dizque quieren confesar. Y declararse culpables de haber conspirado para participar en el atentado terrorista más sonado de la historia, el del 11 de septiembre de 2001, cometido contra las tripulaciones y pasajeros de cuatro jets comerciales y contra los ocupantes del Pentágono y de las Torres del Comercio Mundial.

Este es al menos el anuncio oficial que ha hecho, ya en sus postrimerías, el nefasto gobierno de George W. Bush.

Y que ha sido reproducido, como por loros, a través de Fox, CNN, CBS y ese largo etcétera compuesto por las demás firmas del pulpo corporativo de empresas que mantienen a los gringos lo más apartados que puedan estar de la realidad mundial, y hasta de lo que sucede en su propio país.

Se trata de cinco de las 755 personas que han sido ilegalmente mantenidas en detención e incomunicadas desde 2001, sin acceso a un abogado, en el campo de concentración igualmente ilegal de la bahía de Guantánamo, en la isla de Cuba. (Ojo: esta cifra ha sido tomada de Wikipedia, así que puede ser falsa, ya que según se ha denunciado en el New York Times la “inteligencia” militar estadounidense ha adulterado a su conveniencia la información que Wikipedia contiene sobre este campo de concentración (1)).

No se necesita ser un buen abogado ni un buen psicólogo (y ni siquiera tener más de dos dedos de frente) para imaginarse la manera de anular cualquier efecto legal que puedan tener estas confesiones supuestamente espontáneas, mismas que, en caso de ser aceptadas (tragadas), contribuirían a reparar, si bien mínimamente, la catastrófica imagen internacional que ha adquirido Estados Unidos gracias a la peligrosa política de inseguridad con rasgos de régimen nazi (ellos la llaman, irónicamente, “de seguridad”) implantada por el gobierno de Bush desde hace siete años.

Con esta graciosa frutita del postre se pretenderá justificar ahora todos los abusos cometidos durante la comilona.

Pero las condiciones mentales de los detenidos tras siete años de detención ilegal, privados de los derechos más elementales que adquiere un ser humano por el simple hecho de haber nacido, permaneciendo lejos de sus países de origen, en una base militar donde se autoriza la practica rutinaria del waterboarding (que no es un juego náutico, como ingenuamente se podría pensar, sino un sistema de tortura pura y dura, en el que se asfixia a una persona con agua (2)) distarán mucho de ser las que se consideran mínimamente aceptables para tomar en serio cualquier confesión que puedan hacer en este momento esos pobres reclusos (tan confundidos que ahora no sabrán ni en que dirección deben inclinarse ahora para rezar, poniendo así seguramente, ¡Mahoma los perdone!, sus traseros en dirección a La Meca tres o cuatro veces al día).

Me imagino una de esas hidrofónicas confesiones, uno de esos interrogatorios pasados por agua de Guantánamo.

“Sí, señor, ¡glub, glub! yo pilotaba uno de esos aviones. Sí, ¡glub, glub! el que se estrelló contra la Torre Uno, pero como quedé vivo y tuve tiempo, ¡glub, glub, glub!, me subí también a pilotar el que se estrelló contra la Torre Dos. ¡Glub! Sí, también estuve a bordo del que se estrelló contra… ¡glub! contra el Pentágono. ¡Y en el otro también! ¿Dónde firmo?, ¡glub, glub! ¡¿Ya puedo ir al baño?!”

¿Cómo es posible que los llamados medios de comunicación no adopten una actitud mínimamente crítica ante estos exabruptos informativos del gobierno gringo, pero sobre todo ante estas torturas?

En realidad no tiene nada de extraño si recordamos que son los mismos medios que mansamente fingieron tragarse el cuento chino de las armas de destrucción masiva después de que la Agencia Atómica Internacional dictaminara que no existían, después de que se demostrara que los (nunca antes tan irónicamente) llamados “servicios de inteligencia” gringos reciclaban y plagiaban el proyecto de grado de dos universitarios para elaborar sus informes tácticos sobre Irak y Saddam Hussein.

Los mismos medios que fingieron tragarse también ese original anuncio hecho hace siete años por George Bush a bordo de un portaviones para declarar el comienzo de su guerra unilateral y preventiva contra Irak: “La guerra ha terminado”, dijo.

Tan campante.

¡Yeah, right!, mr. Bush. Y “la Verdad es la Mentira, la Libertad es la Esclavitud, y la Guerra es la Paz” (3). Larga vida al Gran Hermano.

Es alentador ver cómo llega el gobierno de Bush a su final. Corresponde ahora a Barack Obama restaurar la vapuleada imagen de su país ante el mundo. Y ante (al menos algunos de los ciudadanos de) su propio pueblo.

Pero esto no debe ser sólo cosa de imagen, porque así seguiríamos en las mismas, engañados por una burda operación cosmética.

Porque corresponde al mundo entero decidir si simplemente no estamos otra vez ante la gastada farsa que suelen interpretar el policía malo y el policía bueno, y si el bueno no viene más que a calmar la marea mundial mientras aparece otro jugoso negocio que al malo le apetezca explotar.



Webografía:

(1) Denuncia publicada en el New York Times sobre de la adulteración de la información contenida en Wikipedia del campo de concentración ilegal de Guantánamo, cometida por la “inteligencia” militar estadounidense: http://thelede.blogs.nytimes.com/2007/12/14/of-orwell-wikipedia-and-guantanamo-bay/

(2) Demostración en video del sistema de tortura conocido como Waterboarding, aplicado a los detenidos ilegalmente en el campo de concentración de Guantánamo y otros campos de concentración patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos alrededor del mundo: http://www.youtube.com/watch?v=4LPubUCJv58

(3) “La Mentira es la Guerra, la Guerra es la Paz, la Libertad es la Esclavitud”. Lemas básicos del sistema político basado en un colectivismo oligárquico- tiránico, imaginado por George Orwell en su novela : 1984. http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos/bachillerato/filosofia/aula_filosofia/libros/orwell.htm





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Carlos A. Sourdis Pinedo

Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relativos al Medio Ambiente, a la Ciencia y a la Cultura.

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