“Que tú seas paranoico no quiere decir que ellos no te estén persiguiendo”. (Kurt Cobain).
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Aunque sea para no dejar pasar su reciente aniversario, cabe recordar la cara oculta que algunos le atribuyen a Mickey Mouse, ese roedor de la industria de Walt Disney que derrotó en popularidad a nuestro mitológico ratoncito Pérez.
Según dos conocidos sociólogos chilenos, Ariel Dorfman y Armand Mattelart, esa cara oculta es la misma que esconden todos los simpáticos personajes del cómic Disney, transmisores de un mensaje destinado a inculcar desde la tierna infancia el esquema de dominación comercial y cultural neoimperialista que prevalece en las relaciones entre el norte rico y el sur pobre, esos bien demarcados hemisferios de la geografía económica mundial.
Mickey, el Pato Donald y sus sobrinitos y sus amigos, habrían sido creados para demostrarle subliminalmente a la susceptible mente infantil que la inteligencia y la bondad del norte se imponen una y otra vez sobre los variopintos personajes que estos encuentran en sus aventuras por el sur, donde conocen pueblos de gente negra, roja, marrón, amarilla, pero siempre ingenua o malvada, con nativos que son buenos cuando están dispuestos a entregar su oro por toneladas a los visitantes del norte, o malos cuando impiden que los buenos regalen su oro en paz a estos visitantes.
Las denuncias de Dorfman y Mattelart no se limitan al papel ideológico que juegan Mickey, Donald y sus compañeros de aventuras. También también van dirigidas a lo que encarnan personajes como El Fantasma, Superman o el Llanero Solitario, representantes del blanco caucásico que, gracias a su superioridad cultural e intelectual, actúa siempre como protector de los pueblos menos civilizados, incultos o salvajes.
Este esquema de superioridad cultural se repetirá ad nauseam a través de la televisión y del cine, con sus argumentos diseñados para destacar una y otra vez, hasta el atosigamiento, la historia en blanco y negro de la bondad de los buenos del norte y la maldad de los malvados del sur, lo que servirá además para que quienes consumen este material dentro de las fronteras del imperio asuman con naturalidad la inevitable prepotencia de ser La Potencia; y hasta para que perciban su desproporcionado nivel de consumo y despilfarro como una función necesaria del equilibrio no ya sólo planetario sino cósmico.
Pero esta entrada no responde a la intención de escribir una mamerta y trasnochada diatriba anticapitalista. Quien esté interesado en este tema bien puede remitirse a la obra titulada Para leer al Pato Donald (Dorfman y Mattelart,1983), descrita por sus autores como “un manual de descolonización”, sobre la cual también es posible encontrar artículos e información a través de Google o Wikipedia.
Se trata más bien de plantear algunas preguntas: ¿De verdad son capaces de hacer eso, de fabricar muñecos atractivos para los niños y convertirlos en vehículos de penetración cultural al servicio del imperio? ¿Y quién lo hace? ¿Quién escribe y dibuja los guiones de esos cómics? ¿Están los creativos y dibujantes de Disney al servicio de un oscuro departamento estatal de propaganda? ¿Reciben instrucciones precisas para elaborar este material propagandístico o es que las cosas ya están montadas de tal manera que todos cumplen los deseos del sistema incluso sin darse cuenta de que lo hacen?
Tal vez sea así. Tal vez ya todos estamos programados para complacer los deseos del sistema automáticamente. Al fin y al cabo, cualquier dibujante o creativo de Disney o productor de Hollywood debe saber que será difícil conservar mucho tiempo su empleo si de repente se le da por proponer o hacer historietas o guiones en los que los más inteligentes, los más buenos y lo más atractivos sean los personajes de ese sur agreste, salvaje, inestable y volátil, y no los del norte.
No se necesita que venga nadie del Departamento de Estado a explicarte que las cosas son así.
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Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con la Cultura, el Medio Ambiente y la Ciencia.