¿Qué se podría hacer, en materia de inversiones sociales, con 26.000 millones de pesos? Se me ocurre: 26 pequeños acueductos u hospitales, 26 colegios completos, 26 campañas de vacunación, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero en Barranquilla nuestros cleptómanos dirigentes ni siquiera han podido ejecutar honradamente la canalización de tres tristes arroyos.
O sea que la plata botada (léase “robada”) en esa supuesta canalización tendremos que pagarla entre todos, nuevamente. Porque el trabajo que han hecho los policastros de turno, con la complicidad de sus amigachos, los propietarios de firmas que licitan para ejecutar proyectos civiles gubernamentales, no sirvió para nada.
Bueno, decir que no sirvió para nada es inexacto, porque en algún lado debe estar depositada la mayor parte de ese dinero (y me refiero a cuentas privadas), ese dinero que no se malgastó haciendo el nefasto parapeto que luego sería inaugurado con ceremonias de cortes de cinta tricolor, acompañadas por los acordes del glorioso himno nacional, toda esa farsa que se prepara para los medios de comunicación, y en medio de los aplausos de los ingenuos habitantes de los barrios marginales, quienes ilusamente creyeron estar frente a una solución definitiva contra los arroyos asesinos que destruyen hogares todos los años en nuestra ciudad.
Pensándolo bien, llamar “asesinos” a los arroyos es injusto. Al fin y al cabo, el agua fluye por donde tiene que fluir, como decía Bruce Lee (“Be water”).
Los asesinos son otros. Algunos de ellos son los mencionados contratistas de turbio proceder, otros brillan con sus corruptos y honorables traseros los asientos públicos oficiales. ¿Les pesará la conciencia cada vez que se publica otra noticia más sobre un niño muerto al ser arrastrado por las corrientes pluviales que se suponía que ellos debían haber canalizado? No lo creo.
Les importará un carajo (1), ocupados como estarán frotándose impacientemente las zarpas para volver a la carga, a saquear impunemente el presupuesto público cuando finalmente se decida que es hora de volver a ejecutar el mismo proyecto basura de canalización que hoy contempla la ciudadanía atónita.
Berthold Brecht opinaba que el peor tipo de analfabetismo es el analfabetismo político, el de aquel que se desentiende de la política diciendo: “eso no es conmigo”, de aquel que hasta declara con orgullo que él nunca ha votado en su vida porque “yo no creo en los políticos”, o de aquel que cambia su voto por el valor de una compra de mercado.
Los trágicos resultados de ese analfabetismo los vemos y sufrimos todos los días, y el fraude homicida cometido contra la ciudadanía en el caso de la canalización de estos tres arroyos, El Don Juan, El Platanal y El Salao, no es más que un ejemplo entre miles.
(1) Aclaración para los espíritus sensibles: Carajo (sust.): canastilla que hacía las veces de puesto de vigía, ubicada en el palo más alto de algunas embarcaciones antiguas, adonde se solía enviar a los marineros indisciplinados a manera de castigo.
Por favor mantenga su opinión relacionada con el tema, no usar insultos, agresiones, faltas de respeto al autor y otros participantes de la discusión; no hacer publicidad. En caso de no hacerlo su comentario o registro pueden ser borrados. Términos y Condiciones
Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el medio ambiente, la cultura y la ciencia.