Hace un par de semanas el gobierno británico levantó el secreto que mantenía sobre diecinueve archivos en los que se describen los sustos y sorpresas que se llevan los pilotos militares y comerciales, los controladores de radares, y el público en general, cada vez que entran en contacto con objetos voladores no identificados que, según estos informes, al parecer se mueven a su antojo por la atmósfera terrestre.
Creer que existen, o que provengan del espacio exterior, de otros mundos, seguirá siendo cosa de cada uno, pero por lo visto la indiferencia de los organismos gubernamentales con respecto a los cientos de avistamientos que se reportan alrededor del mundo cada año no es más que una indiferencia fingida.
Puede parecer como otro capítulo más de Los Archivos X, pero al menos el gobierno británico lo percibe como un asunto de seguridad nacional y se ha sentido tan inquieto como para destinar una buena cantidad de dinero, el paciente trabajo de decenas de investigadores, a tratar de entender lo que hay detrás de estos avistamientos.
Por no mencionar los esfuerzos dedicados a cubrir estas investigaciones bajo un espeso manto de secreto, de mantenerlas lejos del conocimiento público.
Cuando las investigaciones oficiales de este tipo se hacen de cara al público por lo general no tienen otra intención que la de restarle crédito y ridiculizar a los testigos y demostrar lo absurdo de sus testimonios. La más infame de ellas fue la emprendida a través del Proyecto Libro Azul (Blue Book) entre 1952 y 1969, conducida por el físico Edward Condon para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
A pesar de que en su reporte final (conocido como El Reporte Condon) este físico concluyó que no había nada anómalo en torno a las decenas de miles de casos investigados durante el desarrollo del proyecto, los documentos británicos, mantenidos en secreto hasta hace un par de semanas, indican que el asunto está todavía muy lejos de haber sido archivado en los cajones del olvido.
“Peculiar, intrigante y alarmante”, titulaba el influyente diario londinense The Guardian al informar a sus lectores sobre el contenido de los archivos desclasificados por el gobierno.
Se refieren a relatos de pilotos de la Real Fuerza Aérea que son enviados a perseguir, con orden de disparar, objetos tan grandes como un bombardero B52, y que se desvanecen súbitamente de la vista y de los radares, o el piloto de Alitalia que creyó haber estado a punto de colisionar en pleno vuelo y con pasajeros a bordo contra uno de estos intrusos voladores.
El recalcitrante silencio, los torpes esfuerzos por ocultar estas cosas, sólo sirven para alimentar la hoguera de las ficciones, la imaginación de los conspiracionistas, aquellos que creen en una gran conjura mundial, en los Hombres de Negro, en abducciones y lagartos extraterrestres, hombrecillos grises de ojos almendrados, verdes, mutantes.
La fuerza aérea británica no ha sido la única en revelar, al menos parcialmente, el contenido de sus archivos sobre estos casos. En Youtube se puede ver un interesante video de varios minutos hecho público por la fuerza aérea mexicana, grabado por pilotos de cazabombarderos sobre el estado de Campeche durante el patrullaje de rutina en un operativo antinarcóticos. “Ovnis grabados por la fuerza aérea mexicana”, es la frase de búsqueda.
Lo interesante sería que además de soltar unos cuantos huesos al público también compartieran sus conclusiones.
Por mucho o poco que signifique para la historia de la humanidad la admisión oficial por parte de los gobiernos de que puedan existir seres dotados de una tecnología más avanzada que la terrícola, que nos observan, vengan de dónde vengan, no creo (y aquí es donde tal vez cometa una rotunda equivocación) que ello vaya a cambiar mucho la vida cotidiana de esos otros millones de seres que en nuestro planeta se levantan y se acuestan con hambre todos los días, ni que vaya a causar fluctuaciones importantes en las cotizaciones de Wall Street.
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Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad. También en temas relacionados con el medio ambiente, la ciencia y la cultura.