Indicadores económicos    Dolar $1.810,65   Euro $2.326,95   Real $1.044,76   Café (libra) US$2,46   D.T.F. (%) 3,48       






Contáctenos Regístrese
  
 
Barranquilla, Jueves, 2 sep 2010 10:27:29 PM
 

Al margen

Publicado: 10/29/2008 2:13:18 PM Por: Carlos A. Sourdis Pinedo

Obama o McCain


No es lo mismo ser historia que pasar a la historia. Por ejemplo: mientras que Bush ya es historia, Obama ya pasó a la historia.

Gane o pierda las elecciones de esta semana, Barack Obama es el primer afroamericano escogido por uno de los dos grandes partidos para ser representante oficial a la campaña presidencial de los Estados Unidos, a pesar del color de su piel y de tener precisamente ese apellido que tanto rima con el nombre del terrorista más importante del mundo, el más temido y buscado por la potencia mejor armada del planeta.

Esto, de por sí solo, ya marca sin duda un hito histórico.

Visto desde la orilla latinoamericana, el fantasma del debate electoral gringo invita a hacerse una pregunta, tal vez la misma que se hacen los electores gringos en su propia orilla: ¿con quién nos irá mejor? ¿Obama o McCain?

Para los electores norteamericanos la respuesta llega atronadora desde los telenoticieros, desde sus cuentas de ahorro y sus billeteras.

El republicano George W. Bush le deja al país una crisis financiera galopante que amenaza con convertirse en depresión y atenaza, con sus pinzas al rojo vivo, la calidad de vida de Joe El Plomero, mientras por otro lado se recompensa a los ricos miembros de la élite que provocaron esta crisis a través de sus partidas de póker bursátil amparados por la Desregulación Estatal que durante ocho años impulsaron decididamente Bush y sus asociados.

Cabe recordar aquí la definición que da el escritor uruguayo Eduardo Galeano de la expresión Libertad del Dinero en su Diccionario del Nuevo Orden Mundial: “Dícese del Rey Herodes suelto en una fiesta infantil”.

El segundo acto de la debacle económica comenzó cuando los banqueros de inversiones pusieron un sombrero para recibir fondos públicos que rescaten la nave que ellos hacen naufragar, y con un presidente más que dispuesto a tenderles ese salvavidas, representando en un gracioso paquete de esas medidas de emergencia que tanto han caracterizado el gobierno de Bush.

El pueblo estadounidense aprende dolorosamente así, gracias a Bush and Co., sobre los peligros que encierra el juego de permitir que su gobierno se haga de la vista gorda ante los procedimientos de tahúr imperantes en Wall Street.

Además, Bush entrega al país metido en una guerra tan injusta como inconclusa, iniciada mediante engaños internacionales y documentos de inteligencia adulterados, la primera guerra preventiva del mundo moderno, lo que ha llevado a los Estados Unidos a alcanzar uno de los puntos de popularidad mundial más bajos de su historia.

Por si fuera poco, Bush tiene el desagradable honor de haber hecho entrar al paladín de la democracia y defensor universal de la Libertad, al gobierno de los Estados Unidos, en la lista de violadores de los Derechos Humanos.

Lo consiguió al hacer que se aprobaran leyes de emergencia ideadas para desgarrar el tejido de las garantías civiles, a través un uso descarado del impacto psicológico sufrido por un pueblo traumatizado tras uno de los mayores atentados terroristas de la historia, el del 11 de septiembre de 2001, supuestamente planeado por guerrilleros que merodean en las cavernas de Afganistán.

El resultado de aplicar estas leyes ha sido que ahora los organismos policíacos y de inteligencia gringos empleen métodos nazis violatorios de los derechos más básicos que normalmente se le atribuyen al ser humano. O por lo menos permiten que ahora lo hagan amparados por la Constitución. Las prisiones de Guantánamo, en Cuba, y de Abu Grahib, en Bagdad, son apenas dos ejemplos.

McCain es partidario de mantener la guerra en Irak durante cien años. Lo apoyan en su candidatura presidencial los miembros del mismo lobby que gozó de la complicidad del gobierno republicano durante los últimos ocho años para dar rienda suelta a su ambición de hacer cada vez más dinero con el dinero de las hipotecas que paga Joe El Plomero.

Una victoria de McCain equivaldría a la promesa de que habrá más de lo mismo por otros cuatro años.

Obama, mientras tanto, grita sus consignas, Yes, we can, y Change, igual de vacías que las de los republicanos, pero la inesperada, colorida y súbita aparición de su figura en el tablado político le garantiza que una buena parte del electorado le identifique o asimile con la esperanza de ese cambio que tanto desea la clase media gringa, sobre todo ahora que el futuro económico inmediato se ve amenazado por culpa de las políticas financieras del partido gobernante.

Entonces, ¿Obama o McCain?

Desde la orilla colombiana, la respuesta parece más difusa.

A pesar de ser Obama el candidato más amigable con la salud del planeta, con el medio ambiente (y no con el miedo ambiente que impusieron durante los últimos años los republicanos), a pesar de ser el más afín a unas relaciones internacionales menos basadas en el rufianismo y la bravuconería de estado, al actual gobierno colombiano parece no convenirle la victoria de Obama, porque se prevé que el demócrata no va a estar dispuesto a mantener las cordiales relaciones que Bush mantuvo con Uribe Vélez y con su gobierno.

¿Cómo hemos llegado los colombianos a estar en el otro extremo de la balanza de lo que más parece convenirle al resto del planeta? ¿Será posible que el gobierno colombiano no haya advertido a tiempo la mala apuesta que hacía al relacionarse tan estrechamente con el paria político internacional del momento, mr. George W. Bush, al cual hasta su copartidario y aspirante a remplazarle en la Casa Blanca prefiere tener ahora a metro y medio para que no aparezcan juntos en la misma fotografía, y no se le relacione así, aún más, con la plaga económica que afecta los bolsillos de los votantes atribulados?

Hay que saber escoger las amistades.

La economía colombiana (es decir, los colombianos) podría perder una parte importante de las ventajas implícitas en gozar de buenas relaciones con el socio comercial más importante del mundo debido a la ceguera de Uribe, ceguera que le ha impedido ajustarse a esas máximas de oro de la meteorología geopolítica que exigen estudiar bien la dirección en la que soplan los vientos, así como arrimarse al sol que más alumbra.

Una muestra de la postura repelente observada por el partido demócrata gringo ante el gobierno de Uribe Vélez la dio el ex vicepresidente y ex candidato a la presidencia de los Estados Unidos Al Gore hace unos meses, cuando se negó a asistir a un acto público en Miami tras enterarse de que Uribe también estaría presente.

Las denuncias sobre los asesinatos y la persecución de sindicalistas en Colombia y la intolerancia política del gobierno de Uribe que indignaron a Gore fueron recientemente reiteradas por Amnistía Internacional, denuncias ante las cuales nuestro presidente y sus allegados respondieron con otro de sus prepotentes gestos de desprecio. Algunos analistas han advertido sobre las posibles consecuencias negativas de este gesto, recordando la buena relación que la ONG internacional mantiene con el Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Y cuando Amnistía Internacional reiteró estas denuncias todavía no había estallado el escándalo del Watergate colombiano, la última pilatuna del DAS, organismo de seguridad nacional que malgasta el presupuesto público en hacer espionaje político a la oposición del Polo Democrático favor de… ¿de quién?

¿Estaríamos entonces pagando así las cuentas atrasadas de la impunidad internacional obtenida por Álvaro Uribe gracias a su cercanía a Bush?

Las atrasadas, tal vez, porque una de las cuentas más humillantes ya la pagamos todos los colombianos desde que la persona que hemos llevado en dos ocasiones a la presidencia tuvo la brillante idea de apoyar la cobarde invasión de Irak; de dar su miope respaldo, así como lo dieron Blair y Aznar, a una guerra sin justificación, emprendida a favor del cartel del petróleo internacional, contra la población inocente de un país del ya de por si muy volátil Medio Oriente, todo bajo la pobre excusa de unas inexistentes armas de destrucción masiva.

Para terminar, según el reconocido analista internacional Noam Chomsky, a los países de América Latina les da un poco más o menos lo mismo que haya un demócrata o un republicano sentado en la Casa Blanca. Chomsky advierte que las políticas diseñadas por los gobiernos demócratas o republicanos de Estados Unidos en su relación con América Latina están diseñadas “para favorecer a los inversionistas, no a la gente”.

Un ejemplo de esta característica tendencia política, reiteradamente denunciada por Chomsky, es el famoso Plan Colombia, bajo el cual se han favorecido los contratos de la defensa muy por encima de aquellos que deberían rendir progreso y beneficios sociales para los pobres.

Y éste es un plan diseñado bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton, no de un republicano.



OTROS ARTICULOS PUBLICADOS POR EL AUTOR


¿Cuál es el misterio? 1/5/2009 7:08:38 AM

Una guerra demente, pero lucrativa 1/3/2009 7:03:32 AM

¿Será ésta la última mentira de George Bush? 1/3/2009 7:00:15 AM

El culto de Richie, el hígado de Rafael y el nombre secreto de Mongo 12/31/2008 6:09:08 PM

Cibernáutas, los herederos de Babel 12/6/2008 7:49:31 PM

Sobre los amos del mundo y las hienas 12/4/2008 10:47:42 AM

Otro blog sobre Mickey Mouse 12/2/2008 10:42:52 AM

Decadente, ridículo y odioso 11/24/2008 7:05:50 AM

Del lunatismo, la ignorancia y la estupidez  11/19/2008 3:29:21 PM

El bebé de Nirvana: cosas del pasado milenio 11/16/2008 10:32:04 AM

Los asesinos son otros 11/12/2008 8:18:28 PM

¿Un dios bribón? 11/2/2008 6:10:12 PM

Entre el fuego y la sartén 10/23/2008 9:54:08 AM

Sarah Palin, con la Biblia bajo el brazo 10/15/2008 12:59:06 PM

Descubridores y descubiertos: dos desfiles en contravía 10/13/2008 10:59:07 AM



Por favor mantenga su opinión relacionada con el tema, no usar insultos, agresiones, faltas de respeto al autor y otros participantes de la discusión; no hacer publicidad. En caso de no hacerlo su comentario o registro pueden ser borrados. Términos y Condiciones
Opine aquí


 
 

Carlos A. Sourdis Pinedo

Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas internacionales y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad.

Inicio  Locales  Regionales  Nacionales  Deportes  Judiciales  Económicas  Políticas  Internacionales  Cultura  Sociales     
Blogs  Pelaos  Cine  Tecnología  Salud  Turismo  Agropecuaria  Medio Ambiente  Crucigramas  Sudoku  Rompecabezas  Horóscopo 
Clasificados  Ediciones Anteriores  Suscripciones  Contáctenos  Regístrese 
Términos y condiciones 
 
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS