La Biblia es un libro lleno de contradicciones, sobre todo cuando se intenta conjugar los severos preceptos del Antiguo Testamento con las bonachonas posturas aconsejadas en los versículos del Nuevo.
...
La implacable orden divina de dar muerte por lapidación a las adúlteras y la promulgación de la mosaica Ley del Talión (“ojo por ojo, diente por diente; pie por pie, mano por mano”) discrepan inquietantemente con ese samaritano gesto de poner la segunda mejilla después de que ya la primera ha recibido una buena bofetada, esa difícil actitud de humildad predicada por Jesús de Nazareth y divulgada por los apóstoles en el Nuevo Testamento.
Pero, como bien lo subraya un personaje de Paul Auster en su novela The Brooklyn Follies, tal vez el acto que puede dejar más confundido a un aficionado a la teología es el apoyo que Yahve le brinda a Jacob por haber engañado a su padre envejecido y cegatón para robar la bendición paterna que le correspondía a su hermano mayor, Essau; y por haberse aprovechado del hambre y la frustración que Essau traía después de una infructuosa jornada de cacería para hacerle ceder los derechos de su primogenitura a cambio del módico precio de un vulgar plato de alubias.
Yahve, el Dios celoso y legislador del Antiguo Testamento, el autor de los estrictos Diez Mandamientos, apoyando y convirtiéndose en cómplice activo de la bribonería y la extorsión, del tráfico torcido de influencias, al mejor estilo de Metrotránsito o del Concejo de Barranquilla. Es para quedarse perplejo.
Sin duda, aquí los teólogos nos deben una explicación.
El personaje de la novela de Auster aventura la nada cristiana justificación de que Yahve dio su apoyo a Jacob porque, en su divina sabiduría, comprendía que ese era precisamente el líder que necesitaba el pueblo sionita en aquel momento, alguien con la astucia y la rapacidad del hermano menor, en vez de la incauta confianza demostrada por el primogénito engañado y perdedor.
¿Cuál es en el fondo la moraleja de este pasaje bíblico?
Imagen: Moisés enfurecido por la desobediencia del pueblo de Israel, al descender del monte Sinaí con las tablas de la ley dictada por Yahve. Gustavo Doré, 1832 - 1883.
Por favor mantenga su opinión relacionada con el tema, no usar insultos, agresiones, faltas de respeto al autor y otros participantes de la discusión; no hacer publicidad. En caso de no hacerlo su comentario o registro pueden ser borrados. Términos y Condiciones
Periodista barranquillero, residente en Madrid, interesado en temas de actualidad internacional y en la relación que estos guardan (o no guardan) con nuestro país, con nuestra ciudad; así como de cultura, historia, ciencia y medio ambiente.