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Barranquilla, Domingo, 22 nov 2009 6:30:55 PM
 

  

Tremenda bufonada

Por Gonzalo Castellanos V.

Mientras en la memoria, deseando que no acaben, ruedan las imágenes casi oníricas de cuanto voló en los Juegos Olímpicos de Beijing, para la nación China ese hecho deportivo se convirtió además en un diseño de desarrollo sin precedente que le permite sostener todavía cientos de miles de empleos y que ejerce un atractivo turístico desbordante de la más ambiciosa estadística.

Es que hoy, aunque duela un poco para el romanticismo, el deporte además del concepto filosófico de mente sana en cuerpo sano, es un fenómeno sociológico, una gran industria que atrae para sí productos altamente sofisticados de la ciencia, la tecnología, la infraestructura, la comunicación masiva, entre muchos otros elementos de la posmodernidad.

De manera que sin aspiraciones a tanto, hubiera sido deseable que el alcalde Samuel Moreno no cometiera la estrepitosa bufonada de proponer a Bogotá como un candidato ideal, con todas las condiciones urbanas, físicas, de servicios y de seguridad para llevar a cabo los Juegos Panamericanos del 2015.

¿Acaso creyó que esta administración –con todos los merecimientos para convertirse en la peor desde que se instauró la elección popular de alcaldes– podía ir a ofrecer bisutería y promesas para disputarle un evento de esta magnitud a una ciudad como Toronto, que en el pasado había aspirado con méritos a realizar los Juegos Olímpicos?

Posiblemente en la alucinación de Moreno aquí se construye el aeropuerto más moderno de Suramérica, porque entre tanto el que existe es un galpón irrespirable, inseguro, carente de mínimos servicios, en donde lo más grave es que en los escritorios de burócratas y constructores se discute antes de empezar, si se tumba el que hay o sólo se maquilla.

Como va el asunto, es posible que para el 2015 la delegación de basquetbolistas se hubiera roto la cabeza contra el techo de poco más de dos metros de altura en la zona de equipajes, o que a la salida varios deportistas fueran objeto del paseo millonario si asumían el riesgo de tomar un taxi, luego de hacer la fila de espera de dos horas para identificar la maleta.

Creerá el Alcalde que las delegaciones, los miles de visitantes y grupos de trabajo, en menos de 6 años podrían transportarse en los estudios del metro; que el caos de tránsito para que los equipos no lleguen dos horas tarde a cada encuentro se soluciona ampliando a cuatro días semanales el pico y placa que hoy está en dos, o que todos se movilizarían en las rutas exclusivas de Transmilenio que en su cara ocupan los concejales, los burócratas apurados con guardaespaldas o las ambulancias que hacen diligencias de correo.

La simpatía de Moreno dirá que los cien metros de natación se hagan en El Campín luego del evento inaugural, pues se trata de un escenario cuya gramilla se anega en cada llovizna u ocasional concierto.

Quienes evaluaron las candidaturas saben que Bogotá es encantadora, pero distante de lo necesario; por eso debió parecerles mitómano el Alcalde que fue a decir irrealidades sobre una ciudad en profundo retroceso por el deplorable manejo de su administración y de la anterior.

Lo curioso es que en esa empresa se haya hecho acompañar improvisadamente del Presidente, quien ojalá no haya rematado con que la seguridad democrática garantizaría el pleno éxito.





 
 

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