Hasta el 22 de noviembre se puede visitar la obra en el
Por Martha Guarín R.
Sentenció la novelista Marguerite Yourcenar: “Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón”.
Paulina Parra Villalba fue un poco más allá. Procesó el dolor que estaba sintiendo con una crudeza tan aplastante que le encargó al carnicero de la esquina de su barrio en Madrid, España, dos docenas de corazón de cerdo. Los agarró con su mano izquierda y con la otra obturó su cámara fotográfica.
Esta historia empieza en Cholón, una de las islas de Barú en Cartagena. En la cabaña Paulina elige al azar un libro ‘Fuegos’.
“Sentí que ese texto de Yourcenar me estaba hablando directamente porque describe perfectamente el estado del corazón, ese que en ese momento a mí me atormentaba”.
Paulina con 10 años en el mundo de las artes plásticas, un acta de nacimiento de Caracas, con una vida hecha en España y sangre colombiana —porque su mamá es barranquillera— procesó desde lo más íntimo de su ser una obra artística a la que llama ‘Estados del corazón’.
Tiene el novedoso componente de ser presentada sobre placa de acero, dejando de lado la tradicional exposición de fotografías sobre bastidores o enmarcadas.
Habituada a pintar sobre lienzo, Paulina encontró, además, con esta simbología sobre el amor y el desamor, un nuevo lenguaje a través de la fotografía porque se atrevió a explorar una nueva técnica: impresión de foto sobre lámina de aluminio.
A simple vista se puede describir una técnica similar al off-set o como una nueva aproximación al grabado. Pero ella salta enseguida para negar esas comparaciones.
“Sencillamente es fotografía impresa sobre aluminio. Como el tema es tan crudo, el papel podía transmitir sensaciones demasiado fuertes. En el fondo era lo que quería, pero me di cuenta que con la placa también conseguía vibraciones mucho más interesantes”.
En efecto, ese corazón de cerdo frente a la cámara de Paulina adquiere la dimensión visual como la de un corazón humano.
Por momentos se torna como una flor, y también se proyecta como corazón que tiene como punto de partida el amor, es decir: vida, pasión, desamor, corazón feliz, corazón partío.
“Para mí la obra es personal, pero este es un tema íntimo y a la vez universal”.
Y como la relación con el corazón es un tema de nunca acabar este 30 de octubre será inaugurado en Madrid el segundo ciclo bajo otra fase la del corazón frío. Ese que surge como consecuencia directa del sufrir.
“Igual que hacemos los seres humanos, nos encerramos para no sufrir, para congelar la pasión”, al estilo de las ‘Cartas a Theo’ que escribe Vincent Van Gogh, explica Paulina.
Le pregunto si la fase que viene es la del corazón restaurado, feliz, asiente con un sí. Será un corazón en llamas, el que no se consume porque da felicidad. Y el de la pasión que arde y quema. Como quien dice el estado ideal: dos corazones que parecen uno. Palpitantes de amor.