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Barranquilla, Sábado, 6 sep 2008 5:56:56 PM
 

  
“Soy innovador permanente de disfraces”


Por ZORAIDA NORIEGA C.

Jorge Palacio Rodríguez es electricista industrial egresado del Sena, oficio que desempeñó durante más de una década en un taller que montó con uno de sus hermanos, pero más pudo su hobby por el dibujo y sobre todo el diseño.

Cuenta que, cuando niño y a escondidas de sus padres se metía debajo de la cama para pintar en sus cuadernos, afición que con el paso del tiempo fue perfeccionando por sí mismo hasta llegar a plasmar desnudos imaginarios. Como por falta de recursos no pudo dedicarse de lleno a la pintura, se inclinó por el diseño y elaboración de disfraces, no tanto porque era una forma de mostrar públicamente su talento, sino porque le resultaba más lucrativo.

Con la capa de ‘Águila dorada’, otra de sus magistrales creaciones. El disfraz lo volverá a sacar este año totalmente renovado.

Para ampliar sus conocimientos estudió patronaje, también en el Sena, porque además de diseñar, él quería hacer sus propios atuendos carnavaleros. Los primeros monocucos que hizo hace 13 años llamaron tanto la atención que Lucho Andrade, quien fue Rey Momo en 1998, le pidió que le ayudara en la elaboración de algunos detalles para los vestidos de su cumbiamba ‘Poder Judicial’, a la que después perteneció Palacio, quien también ha sido postulado en varias ocasiones a ostentar el título de Rey Momo

Pero la creatividad de este ‘hacedor’ del Carnaval ha ido más allá de lo común. Confiesa que aunque las enciclopedias y libros de historia le sirven para darle ideas, todos sus disfraces salen de su imaginación.

“Yo como que en otra vida fui descendiente de algún sangre azul, porque siempre me he inclinado a representar seres que tengan que ver con la mitología, algo de fábula y mucha ficción”, apunta con broma.

‘Inspiración exótica’, Sentimiento Currambero’, ‘Fantasía Chimila’, ‘Fusión faraónica’ y ‘Águila dorada’ son algunos disfraces de su inspiración que, por su originalidad y elaboración, han merecido premios en el Carnaval.

“NO MEGUSTA NADA MAÑé”

Sin la ayuda de nadie, Palacio realiza su trabajo en una máquina de coser que tiene en su casa en el barrio San Roque, donde vive con su mamá, ya entrada en años, y su hermano menor, que es especial.

Sin avergonzarse dice que es el ‘todero’ de la casa, incluyendo los quehaceres domésticos, pero saca tiempo para dedicarse a elaborar sus disfraces y lucirlos, así sus demás hermanos lo tilden de loco y se burlen de él diciéndole que es mejor que se quede disfrazado todo el año. Porque eso sí, cuando llega el Carnaval, nada lo detiene.

“Me considero un innovador permanente de disfraces. Con los pocos recursos con que cuento, los enriquezco para que se vean distintos. ¿Qué de dónde saco el dinero? Pues muchos de los adornos me los regalan y buena parte de los auxilios que me entrega la Fundación Carnaval de Barranquilla los invierto en los disfraces. Es que en vez de malgastar esa plata, yo no tomo licor y tampoco parrandeo, prefiero comprar lo que necesito. Fuera de la temporada de Carnaval me rebusco como sastre con el vecindario y amigos, o a veces ‘marañeo’ con trabajos de electricidad”.

Si con los pocos recursos económicos con que cuenta hace maravillas, él se imagina que con suficiente plata se volvería loco.

“Aunque parezca increíble, me ha tocado regalarles telas a los colegas para que luzcan mejor en Carnaval. No quiero que la gente vaya a pensar que yo me creo más que nadie, no. Lo hago para se vean mejor, les doy ideas y los ayudo. Porque no me gusta nada mañé. Siempre me preocupo por hacer las cosas bien, o de no, no las hago. Por eso no le delego nada a nadie. Soy perfeccionista al máximo, siempre he sido así. El problema es que nunca quedo conforme con lo que hago. Para mí esto es poquito todavía”, explica mientras muestra orgulloso el vistoso traje, ‘Sentimiento Currambero’, que lució hace tres años en la Batalla de Flores y cuya fotografía ilustró el calendario que sirvió para promocionar la declaratoria que hizo la Unesco al Carnaval como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

‘Fantasía Chimila’ —con el que obtuvo en 1999 uno de los cinco Congos de Oro que ha ganado en su trayectoria como ‘hacedor’ del Carnaval— es otro de los disfraces que, sin ser ostentoso, aún conserva con celo, pues no ha querido volverlo a sacar al ruedo. En su elaboración se nota el arte y dedicación que le puso Palacio. Sobresalen un escudo tejido en palma de iraca que lleva detalles artesanales como diminutos sombreros y símbolos, un pectoral, una amplia capa, y 76 plumas de avestruz y 110 de pavo real que le dan imponencia a la vestimenta.

En la misma línea está ‘Fusión Carioca’, ganador del Congo en 2001 y del que su creador afirma: “Ningún otro lo podrá superar en cuanto a creatividad y elaboración, ya que fue todo tejido con hileras de perlas sintéticas”. Lo complementa un alto tocado en acetato y con tejidos de piedras. Asegura que este, junto con el de ‘Águila Dorada’, que lució en el 2004, es uno de los que más le han gustado y tiene un valor incalculable para él.

Precisamente el ‘Águila Dorada’, aunque el año que lo lució no ganó premio, hizo parte del espectáculo ‘El esplendor del Carnaval’, pero en versión renovada. “Mi interés es que los disfraces se vean diferentes, por eso me preocupo por enriquecerlos”.

NI LOS PRESTA NI LOS VENDE

Para Palacio, los elementos son importantes en la elaboración de un disfraz, pero por encima está la creatividad, el esfuerzo y el entusiasmo. Sobre esto último, confiesa con desánimo que Fundación Carnaval de Barranquilla no aprecia el trabajo de los verdaderos ‘hacedores’.

“La organización del Carnaval, el año pasado a los disfrazados nos hicieron un gran desprecio al no dejarnos ingresar en los alrededores de la tarima de El Bando. Pretendieron cerrarnos las puertas, pero logramos entrar a las mil y quinientas, después de rogarles. Nos ubicaron en la parte de atrás, mientras que los invitados ocuparon un lugar privilegiado. Nosotros estábamos en nuestro derecho, porque somos los que hacemos el Carnaval. Encima de eso anularon el tradicional desfile de El Bando”.

“Este año, pensamos que lo iban a rescatar. Hasta al aeropuerto fuimos, con lluvia y todo, para recibir a la reina Angie De la Cruz cuando la nombraron, con el propósito de que ella se motivara.

Pero no fue así. Este año ha sido peor, porque cobraron la entrada a El Bando, cuando este acto es del pueblo y para el pueblo. Para nosotros, los hacedores, es importante El Bando, porque además de ser el primer desfile, salimos con el pie derecho al Carnaval”.

Catorce disfraces, a cual más espectacular, son de su propiedad. No los vende ni los alquila, porque para él son su gran tesoro.

La máxima aspiración de Jorge Palacio es conseguir para sus atuendos carnestoléndicos el patrocinador que jamás ha tenido.

Dice que sueña con ver materializado el disfraz de pavo real, cuyo boceto está actualmente en poder de la Fundación desde la vez que les pidieron a todos varias propuestas. “No tengo dinero para hacerlo, pero si alguien lo patrocina, estoy seguro que será un verdadero espectáculo en los desfiles”.



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