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COMO LLEGAR: Para llegar a Capurganá por vía terrestre tienes dos opciones: saliendo de Medellín coges un bus que te lleva directamente al puerto de Turbo o si vienes de la Costa Caribe, saliendo de Montería hay unas pequeñas busetas que hacen el recorrido. De allí, tienes que tomar una lancha-taxi que salen hasta las 10:00 A.M. Apresúrate o llegarás tarde. Tambien puedes viajar por aire, en aviones bimotor que salen de Medellín regularmente a Capurganá o Acandí, una población a solo 40 minutos en lancha de nuestro destino. Aprovecha la temporada y visita esta joya chocoana enclavada en el Caribe Colombiano.
Por: Marco Tepedino
Al llegar a Capurganá, tuvimos que registrarnos ante el DAS, ya que es la punto de salida de muchas personas hacia Panamá, que ven en esta ruta, una opción más económica para visitar al vecino país. Allí entendí el porque estábamos rodeados de tantos extranjeros en la lancha que hablaban distintos idiomas convirtiendo nuestra lancha en un verdadero Babel.
Fueron tres días maravillosos entre la selva y el mar, donde disfrutamos cada momento de nuestra estadía. En las noches hicimos buenos amigos: Willy, Nelfi y el gran Niche. Bailamos en un kiosco frente al mar a los ritmos de la champeta y la marimba, con un grupo folclórico que tocaba sones africanos, enmarcados por una lluvia de tambores.
Pasamos el día siguiente en la población vecina de Sapzurro, a 20 minutos en lancha donde hicimos snorkeling. Alquilamos careta y aletas, y nos internamos en la profundidad de su mar, para encontrar un bello colorido de corales y estrellas de mar, con peces tan hermosos como el Napoleón y las bellas morenas que amenazan con sus dientes, pero que a la larga son muy tranquilas y, más bien, tímidas.
También estuvimos en Panamá. Muy temprano en la madrugada nos levantamos para escalar la loma que separa estos dos países, originalmente uno solo. La guardia panameña nos recibió con mucha alegría y emoción, ya que éramos los primeros aventureros del día. Hicimos amistad con uno de los soldados que cuidan de la frontera, y este nos mostró los mejores sitios para sumergirse y disfrutar de la fauna y la flora submarinas.
Dos horas fueron poco para poder conocer toda la belleza que nos brinda este lugar. Nos fuimos tristes porque no pudimos seguir conversando acerca de los acontecimientos que sucedieron 4 años atrás donde se necesitó de mucha fortaleza y valentía para mantener alejadas a las malas personas, inescrupulosos traficantes que utilizaban estos destinos para cometer sus fechorías.
Nos despedimos de Capurganá de la mejor manera: de día, con los brazos abiertos y tragando agua, porque la lancha en la que viajábamos chocó (como el departamento) con otra y caímos al agua una vez más para besar sus suelos arenosos y llenos de vida.
No recuerdo los malos momentos: sólo los mejores. Recomiendo este lugar a ojos cerrados. Y quien quita si vuelva en mi luna de miel, ya que este sitio se ha convertido en los últimos años en el lugar predilecto de los recién casados para pasar sus primeros días de reconocimiento del terreno.
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