Es licenciada en Educación Infantil, maestra en Ciencias Multidisciplinarias y todavía se sienta a jugar a las muñecas junto con sus alumnas. Cuando hay que celebrar algo en el salón, ella es la primera en entusiasmarse, en brincar, cantar, buscar las serpentinas, el pudín y los confetis. A Sindy Salcedo no le da pena admitir que todavía lleva alma de niña.
La ingenuidad de un niño también la lleva cuando a los veinte años le dictaminaron un cáncer linfático. Sin ninguna clase de condolencia, los médicos le aseguraron que solo le quedaba un veinte por ciento de vida. Pero ella decidió retomar la mentalidad de sus días de infancia y llevar la inagotable felicidad de un pequeño.
Los médicos se equivocaron. Hoy tiene veintiocho años, está felizmente casada, le encantan los animales, sobre todo los pájaros y los peces, adora su trabajo de profesora, es estricta y metódica en lo que hace, pero eso sí, cuando se le menciona un tema infantil, no para de hablar, mover las manos y reírse. Se le nota la pasión. Igual que a una niña.
Tanto ella como su esposo no se han puesto de acuerdo en cuántos hijos van a tener. Ella dice que uno solo para consentirlo más, pero él quiere tres para que la familia crezca. Sin embargo, Sindy ya tiene veinticinco niños que son sus alumnos del Colegio Altamira, la entidad educativa donde trabaja hace cuatro años.
La inquietud de cualquier menor también le entró después de graduarse como profesional. Viajó a San José California donde trabajó con hijos de inmigrantes mexicanos y estudió un curso de estrategias para enseñar inglés en la Universidad de Stanford.
Es hiperactiva y curiosa. Cuando estaba en Italia no se conformó solamente con estudiar y recorrió al lado de sus compañeros de estudio toda Europa. Cuando se le pregunta qué es lo mejor que pudo ver en esos territorios ella asegura que las máscaras del Carnaval de Venecia le causaban emoción y sorpresa. Sensaciones parecidas que se despiertan en un niño cuando va a un circo o a un zoológico.
“Lo que uno enseña cambia una vida”, así lo cree Sindy Salcedo quien aparece junto a su esposo Leonardo Magdaniel.
Además de llevar el corazón sencillo y puro de un menor, se toma muy en serio su trabajo de profesora. El día no brilla con la misma intensidad si alguno de sus alumnos llega por las mañanas con el rostro decaído. Es la mamá, la amiga y la confidente de todos ellos. Hasta tiene una página web en Internet para mostrar cómo van sus estudiantes en el colegio y dar a conocer la opinión de sus padres.
Es estricta, pero no psicorrígida en su labor. Antes programaba su vida al punto de llegar a establecer cuántos hijos, trabajo y dinero iba a tener en el futuro. Pero los momentos de dolor que tuvo que afrontar con su enfermedad la obligaron a vivir cada momento como debe ser y a no estar sometida a falsas predicciones.
Esa pasión por los niños la detectó su mamá mucho antes de que trabajara en un colegio. Una mañana se le acercó, la miró a los ojos y escudriñó en su mirada para buscar qué había en el fondo de esa alma que apenas estaba comenzando a crecer. Vio a una niña inocente. Pero más que eso vio una mujer rodeada de niños. “Tú vas a ser profesora”, le dijo a secas y sin preámbulos.
Su obsesión son la clase y sus alumnos. Todos los días se levanta con ganas de enseñar y entregar toda su energía a los niños. Fue única hija, nieta, sobrina y la consentida de su familia. Ese mismo cariño que le dieron durante varios años quiere transmitirlo a otras personas. “Es algo compensatorio con la vida”, aseguró Sindy.
Sus años de primaria y bachillerato fueron en un colegio muy estricto y formal. Veía como sus profesores demoraban horas de pie, hablando y explicando un solo tema. Esas imágenes quedaron grabadas para siempre en su memoria y fue en ese momento donde conoció que la disciplina es una herramienta imprescindible para alcanzar un objetivo. “Por eso siempre voy por la excelencia”, dijo.
Es creativa en sus clases. Si alguno de sus alumnos cumple años no duda en decorar el salón con serpentinas, globos multicolores y confetis. En esos momentos de emoción y alegría llama a su esposo y su mamá para que la ayuden con la decoración. Son sentimientos que descubren a la niña que siempre ha llevado dentro.
PERFIL
Lugar y fecha de nacimiento: Barranquilla, noviembre 19 de 1979 Color: azul Destino: Hawai Comida: Árabe
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