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| Barranquilla,
Viernes, 25 jul 2008 12:06:45 PM
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María del Socorro Fajardo La “mma” wayuu en el Cabo de la Vela
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Texto y fotos ELIZABETH GARCÍA
Desde muy pequeña María del Socorro Fajardo Gómez salió de la ranchería donde vivía con su familia para ir a estudiar al internado wayuu en Uribia, con el ánimo de preparase para la vida. Luego estudió comercio en Santa Marta y de ahí empezó un largo camino lleno de experiencias para ella.
María del Socorro tiene la fortaleza de la mujer wayuu: Nació en Irraipa, Uribia y es descendiente del clan Ipuana, ubicado en el Cabo de la Vela.
Su mamá le enseñó a ser independiente y a no dejarse llevar por las situaciones de la vida. Cuenta con mucha nostalgia que su primer trabajo lo hizo en la alcaldía de Uribia, donde ganaba seiscientos pesos.
Empezó desde joven a trabajar; a los diecinueve años se casó y tuvo dos hijos, Camilo y José Víctor. En el transcurso de ese tiempo María del Socorro fue concejal de Uribia por seis períodos consecutivos, hasta llegar a la presidencia del Concejo.
Con ganas de seguir dando todo de sí a su pueblo, logró ser la primera alcaldesa elegida por voto popular en Uribia, un trabajo de muchas satisfacciones, experiencias y sobretodo aprendizaje para ella.
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| Acompañada de algunas de sus colaboradoras |
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Por cosas de la vida, cuando ella terminó su período como alcaldesa, se fue a vivir al Cabo de La Vela, por petición de su mamá, la cual fue su ayuda en el momento más difícil de su vida. Juntas montaron un restaurante de comidas típicas.
Jocosamente, María del Socorro cuenta que no sabia ní cocinar; pero poco a poco fue aprendiendo hasta lograr hacer platos tan exquisitos como langostas y cebiches. De esa manera salió adelante y logró pagarle el estudio a sus hijos y sostener su negocio que hoy en día es una de las posadas turísticas mas conocidas en el Cabo de la Vela.
Como mamá le enseña a sus hijos la importancia de la vida, a preservar sus costumbres, tales como el respeto por la mujer por encima de todo y a ser independientes para que nada los pueda detener. Es cariñosa con sus hijos, pero a la hora de poner disciplina habla con carácter.
A sus hijos les infunde el amor por la tierra en que nacieron y desde pequeños les ha enseñado la tradición. Ahora que están grandes es feliz al ver el fruto de su trabajo y el esfuerzo de su madre por ayudarla.
Se complace mucho en atender a los turistas en su posada llamada “Jarrinapi” que es la abreviación de los nombres de sus dos hijos y sus dos sobrinas. Trabaja al lado de su hermana Remedios y un grupo de quince ayudantes, entre familiares y amigos.
De la vida ha aprendido a echar para adelante y que en todas las cosas que haga ponerle animo. Hoy es una mujer dichosa por todo lo que ha logrado y la llena de orgullo decir que es una mujer wayuu con todas las de la ley.
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