Barranquilla, Viernes, 25 jul 2008 12:03:00 PM
  

Alicia Sarmiento Córdoba Y su legado de bollos cienagueros


Texto y fotos ROSA MARÍA McCAUSLAND

Roberto y Roberta, los loros que habitan en el patio de la casa de Alicia Sarmiento Córdoba, la observan de manera reparadora e intrigante cuando ella, como todos los días, se levanta a las tres de la madrugada para preparar de 300 a 450 bollos limpios, uno de los alimentos más típicos de la Costa Caribe colombiana.

Un gallo blanco de cresta roja, que comparte el patio con los loros y dos pequeñas gaviotas “tangas”, aún no acaba de pronunciar su kikiriiiikiiiii cuando ella ya está con su ropa de trabajo alistando las poncheras y demás implementos de cocina adecuados para hacer los bollos, que son muy conocidos no sólo en su pueblo natal de Ciénaga, Magdalena, sino en Santa Marta y algunas partes de Barranquilla.

Cuando está casi terminando su trabajo, un muchacho llega del mercado y le trae un saco lleno de hojas de mazorca. Los cascarones, como ella les dice, son indispensables para envolver los bollos y amarrarlos con pita de fique, y para darles forma y sabor.

A las seis de la mañana, e incluso antes, ya están tocando a su puerta con insistencia varios de sus clientes. -Alicia quiero cinco bollitos pál desayuno de hoy-, gritan desde la reja y escuchan a uno de los loros que al final del pasillo, desde el patio les parlotea -ya va, ya va- como haciéndoles creer que es Alicia quien les contesta, mientras ella se ríe, empaca rápidamente los cinco bollos y al entregarlos lleva a cabo lo que es su primera venta del día.

Los bollos están hechos con harina venezolana, queso costeño, maíz, agua y sal, y tienen un ingrediente “secreto” que Alicia no le cuenta a nadie cuál es. Comenta que a diferencia de los demás bollos limpios, los que ella prepara son tan ricos que un comensal no se contenta con uno en el desayuno, y cuando dice que tal vez el éxito radica en la fuerza para mezclar los ingredientes y la manera de amasarlos, revela una pista para conocer ese ingrediente secreto.

Darlin, su única hija, cuando vivía con ella en Ciénaga la ayudaba a empacar los bollos cuidadosamente, hasta que llegó a Barranquilla, donde trabaja como contadora de una empresa; está casada con Rafael Ahumada Llinás, y tiene dos hermosos hijos: Rafael y Juliana. Alicia se siente orgullosa de ella porque la ve realizada y sabe que ha cumplido con su deber como mamá de orientarla a ser una mujer responsable y a afrontar los corre corres de la vida laboral sin dejar de ser hogareña.

Confiesa que ha sido una mamá sobreprotectora, estricta y que siempre ha querido lo mejor para su hija, dejándole ver la importancia del amor por el trabajo y el valor de la honradez a través de su propio ejemplo ya que Alicia ha sido una mujer trabajadora: desde muy joven vendía mercancía desde Maicao hasta toda la Costa Caribe, tuvo un taxi, una tienda y muchos negocios que se adaptaron a sus necesidades y a su edad, dándole así cierta experiencia en la vida y aprendiendo las costumbres de los pueblos a los que llegaba, como Guacamayal, donde vivió un tiempo.

Cuando volvió a Ciénaga se dedicó de lleno a sus labores de ama de casa; la educación de su hija era lo más importante. Un día para aumentar sus ingresos se le ocurrió la idea de empezar a hacer bollos limpios y sin darle más vueltas al asunto empezó este oficio que satisface el paladar de muchos costeños.

Se casó con Jaime Durán, que en ese entonces era contador del Banco de Bogotá, “uno de los primeros bancos que llegó al departamento del Magdalena”. Él la ayuda en el proceso de elaboración y venta de los bollos y se ha convertido en su apoyo para ver la vida de una manera compleja.

A ella le gusta vivir en Ciénaga por su ambiente tranquilo y por que está rodeada de historia, esa misma que ha dejado huellas en las calles, en las casas antiguas y hasta en la plaza del centenario donde se pasea con su hija y con sus nietos Rafael y Juliana cuando vienen a visitarla los fines de semana y disfruta con ellos de un raspao de kola y leche condensada para calmar el calor del medio día sentados en el templete de la plaza.

Se da cuenta que su hija llega porque Roberto y Roberta empiezan su bullicio - AliciiiaaaaaA, Darlin, Rafa, Rafa, Darlin- y así sucesivamente como canto sonoro de bienvenida propio de ésos loros.

Alicia es fuerte, sencilla y muy emprendedora; sus bollos, símbolo de su trabajo y del legado que deja a su descendencia, los vende desde su casa, y no los divulga como las palenqueras porque sabe que son muy conocidos y porque su nombre, que está presente en varias de las canciones del maestro Escalona, hace que la gente la tenga en cuenta y que la relacione con ese lugar cargado de realismo mágico, de leyenda y de ecos que aún se escuchan como quejidos ante la tragedia de Tomasita cuando un caimán se la comió, una mañana, en Ciénaga.

4 10 28 62 (Ciénaga, Magdalena)





 
 


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