Un abrazo ‘rompecostillas’ y ‘rompecoronas’ de su tío Guillermo Carrillo fue el primer saludo y el más efusivo que recibió la nueva Señorita Colombia, Taliana Vargas Carrillo, minutos después del final de la coronación y la transmisión en vivo y en directo del Canal RCN.
El tío ‘Guillo’, como ella le dice, fue uno de los que inculcó en la samaria su vocación y ganas de convertirse en soberana nacional. Por eso la alegría desbordada, por eso no se contuvo, por eso se volvió loco, por eso mandó al piso la corona tras zarandear fuertemente a su sobrina en una muestra de cariño y satisfacción.
Luego la levantó y un poco apenado, pero sin perder la emoción, se la acomodó y retrocedió lanzándole besos, mientras ella dejaba salir sus primeras lágrimas de alegría.
Este efusivo abrazo casi daña la corona de la nueva Señorita Colombia.
“Él es mi tío ‘Guille’, el que me metió en este cuento de ser Reina”, señaló después Taliana María. “¡No lo puedo creer! ¡Por fin una Reina en la familia!”, gritaba y gritaba el tío.
El escenario poco a poco se fue llenando, en un lado la ‘tribu’ de Magdalena, como Taliana llama a sus familiares, y en el otro, los padres, hermanos, allegados y amigos de las otras reinas. Algunos para felicitar y otros para consolar o quejarse por lo que consideraron una injusticia.
“Tranquila, mi niña, tú siempre serás mi reina, la mejor de todas”, le decía una madre a su hija, con la mirada triste por no quedar ni siquiera entre las 10 finalistas.
En las tribunas del Centro de Convenciones también se vivía un show aparte. Comentarios de todos los calibres se escuchaban en torno a la decisión final del reinado. “Nada qué hacer, esa era la Reina”. “Ella era la más bonita y la más carismática”. “Bogotá falló en la respuesta”. “Córdoba y Cúcuta fueron el palo”. “Siempre dejan una local”. “¿Y La Guajira y Sucre qué?”. “Atlántico se veía divina”. “Las costeñas están arrasando con las coronas”.
Entre tanto, en la ‘tribu samaria’ el desparpajo era total. El celular de la madre de la nueva Reina no dejaba de sonar. Las felicitaciones iban y venían. De Santa Marta, su tierra natal, de Estados Unidos, donde está radicada, y de Medellín, de donde es su padre.
“¡Lo logró, lo logró, lo logró!”, era la forma en que contestaba el teléfono la orgullosa progenitora, mientras otra de sus hijas no dejaba de llorar y decirle a la distancia a su hermana: “Te ves hermosa, eres preciosa”.
Las chaperonas hicieron su arribo y sacaron a la reina a la calle, donde mostró su gratitud a los cartageneros por todo el respaldo. “Gracias por apoyarme desde el principio, muchas gracias”, gritaba a todas las personas que se acercaron a las afueras del Centro de Convenciones con cámaras y celulares para tomarse una foto con la recién elegida soberana.
“¡Eres la mejor! ¡Qué bella eres! ¡Vamos con todo para Miss Universo!”, eran algunas de las cosas que le decían. Después de unos minutos, Taliana regresó al interior del Centro de Convenciones y caminó al salón donde concedería la rueda de prensa. Se encontró con el presidente del Reinado, Raimundo Angulo, quien después de abrazarla le dijo: “Prepárate, ahora viene un trabajo duro”. “Sí, pero ¡yo estoy lista!”, respondió la beldad con una sonrisa en sus labios.
Ya en la rueda de prensa empezó a resolver preguntas de todos los pelambres, incluidas las ‘pringamoceras’, con respuestas muy acertadas y con la misma seguridad que mostró a lo largo del certamen.
Taliana, en medio de personas que deseaban tomarse fotos con ella y pedirle un autógrafo, fue a reencontrarse con los suyos. Ya había pasado una hora desde su coronación y no había logrado sentarse aún ni dejar de hablar.
Apenas una primera cuota del costo de ser Reina. Uno a uno abrazó a sus familiares, a los hermanos, a los padres, a la tía, al tío, al abuelo, al sobrino, a las abuelas, al novio, a los amigos del novio, a los papás del novio, a los miembros del comité de belleza del Magdalena, al uno, al otro, a Raimundo y todo el mundo. La Señorita Colombia no le negó un saludo, una foto, un autógrafo y un abrazo a quienes se lo solicitaron.
A las 12:15 a.m. salió, volvió a saludar al público y se embarcó en un carro que la condujo a una cena con los jurados. A las 2 de la mañana arribó al hotel Hilton, cuando ya pocos la esperaban. Mientras ella entraba, las otras, a excepción de la virreina, María Cristina Uribe, se fueron de rumba. Se vistieron de jeans y falditas, como mujeres comunes y corrientes, le metieron mano a los taxis y a gozar la libertad en una discoteca.