Barranquilla, Martes, 6 ene 2009 3:57:14 AM

  

Foros virtuales: tribunas de rastacueros


Por Lola Salcedo Castañeda

Decía el Director de este periódico en su editorial del miércoles pasado que se había tomado la decisión de cerrar el foro web de EL HERALDO por el mal uso que de ese espacio venían haciendo la mayoría de los participantes.

El mismo planteamiento se debate entre los columnistas y la dirección de El Espectador, habida cuenta del lenguaje soez y la forma procaz como muchísimos lectores se expresan, ya no sobre el tema tratado, sino en contra de la persona que lo escribe.

Los foros virtuales se abrieron para darle la oportunidad al lector de expresarse y respaldar o desaprobar el pensamiento que otros se permiten exponer. Su objetivo no es otro que el enriquecimiento de los temas, abrir ventanas a diferentes perspectivas sobre un mismo asunto y, muy especialmente, permitirles a quienes tienen el periódico en sus manos o lo consultan vía Internet, la posibilidad de interactuar, para que dejaran la posición de receptores y entraran en un proceso de comunicación, que como bien sabemos requiere, al menos, de dos.

Sin embargo, el resultado ha sido sorprendente: escasea el argumento sólido y contundente, no hay apropiación de esa buena oportunidad para debatir, se rebate con argumentos banales del propio coturno, pero sin sustentación debida. Y, por el contrario, se vierte en esas entradas, libres y gratuitas, tal espesura de vulgaridad, tanto odio visceral, que asustan. ¿Cómo puede un columnista despertar tan grotesca reacción por el simple hecho de tener una opinión propia pero diferente a la del lector? ¿De dónde proviene tal grado de intolerancia?

Es realmente inexplicable que si uno escribe sobre los derechos de quienes tienen una orientación sexual diferente, o apoya la minga de resistencia de los indígenas colombianos, o encuentra aburrida la presentación de un artista, esto sea motivo suficiente para recibir una diatriba de horror donde se mezclan peligrosamente rótulos, falsos señalamientos, mentiras y verdades a medias con un denominador común: la vida privada del columnista, como si eso le importara al público en general, sustituyera la argumentación sólida o excusara la forma impropia como se reacciona.

Quienes así escriben no se dan cuenta de que hacen una estupenda escenografía de su personalidad, sus debilidades y falencias, más que lograr el objetivo de denigrar al columnista. Sorprende también que muy poco comenten las noticias graves que acontecen en el país, que sí nos afectan a todos, y de las que valdría la pena conocer la opinión del ciudadano.

Es más, a través de esos foros, si usados de manera inteligente y correcta, podrían estimular al editorialista para que elevara esa opinión personal a posición del medio, habida cuenta de la importancia que al interior de los periódicos se ha dado a esa tribuna.

Sin embargo, no ha sido así, y la medida tomada por EL HERALDO será muy pronto seguida por otros diarios, lo que equivale para los usuarios del foro a haber orinado en el agua que podían beber.





 
 


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