Barranquilla, Viernes, 25 jul 2008 12:05:17 PM

  
Los 5 pecados capitales de América Latina

Por MICHAEL J. ARD

Como coautor de esa obra clásica de 1997 titulada Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, el periodista peruano Álvaro Vargas Llosa concibió un estudio brillante de la tendencia mental latina hacia el antinorteamericanismo y el estatismo. Más recientemente, en su libro Liberty for Latin America: how to undo five hundred years of state opression (Libertad para América Latina: cómo deshacer quinientos años de opresión estatista) busca responder a las siguientes preguntas: ¿Por qué a América Latina se le considera la tierra del futuro sin esperanza? ¿Por qué es que aquí han fracasado las reformas de mercado y el verdadero progreso ha sido algo tan difícil de lograr?

Vargas Llosa ocupa lugar destacado entre un pequeño pero influyente grupo de intelectuales latinoamericanos dedicados a promover reformas regionales basadas en el ideario clásico del liberalismo. Su intención de traducir su ideario a la realidad política tiene algo de lucha cuesta arriba, como lo sugiere el hecho de que en los últimos años los izquierdistas ganaron las elecciones presidenciales de Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

Para nuestro autor, la balanza política podrá inclinarse a la derecha o a la izquierda, sin embargo, las pautas de comportamiento en América Latina siempre estarán guiadas por lo que denomina “los cinco principios de la opresión”: corporativismo, mercantilismo estatal, privilegio, transferencia de la riqueza y ley política. Este último, definido como “el poder sobre la verdad”, hace que todos los demás sean posibles. En efecto, en América Latina los intereses de los individuos siempre triunfan sobre la imparcialidad de la ley.

Según Vargas Llosa, estos principios comenzaron durante la Edad de Piedra con los imperios Inca y Azteca, y se consolidaron durante el periodo colonial. Sus fundamentos jurídicos y teológicos surgieron durante la era del absolutismo y se arraigaron de tal manera que ningún movimiento político de América Latina ha podido eliminarlos, ni siquiera el liberalismo republicano de comienzos del siglo XIX. La tradición republicana fue desplazada por la tradición del ‘caudillo’, el gobierno del fuerte, que volvió ilegítimo al Estado. Aun ‘revoluciones institucionales’, como en el caso de México a comienzos del siglo XX, terminaron consolidando estos ‘pecados capitales’ al confiscar la propiedad, entre otras medidas estatistas. Como resultado están los gobiernos nacionales que constriñen toda actividad económica. Para quienes la riqueza no es algo que se produce sino algo que se apropia.

Además de esto, Vargas Llosa enuncia temas políticos fundamentales. Sostiene, por ejemplo, que el problema del desarrollo no proviene de políticas económicas defectuosas, sino del fracaso en construir gobernabilidad sólida a partir de una autoridad política genuina.

Este libro dedica muchas páginas a criticar la tan proclamada ola de reformas liberales de las décadas del 80 y 90, que comenzaron prometiendo y terminaron defraudando. Según Vargas Llosa, para comienzos de los 80 las instituciones políticas de la región estaban al borde del colapso. Entonces, los gobiernos llevaron a cabo reformas económicas (privatización de instituciones estatales, reducción de aranceles, medidas antiinflacionarias) más por necesidad que por convicción y que, desafortunadamente, se llevaron a cabo en el contexto de “los cinco pecados capitales”.



Se trataba, básicamente, de aproximaciones estatistas a los problemas económicos. La perspectiva de impulsar exportaciones mejoró las estadísticas de comercio exterior, pero no contribuyó a mejorar las condiciones de vida de la región. Para Vargas Llosa estas reformas, que eludían el fondo del problema, eran como los “cangrejos de roca de la Florida”, criaturas deformes muy desarrolladas en algunas partes y seriamente subdesarrolladas en otras.

Una de las fortalezas del libro de Vargas Llosa es su disección del estatismo. Incluso los movimientos de reforma en América Latina han dependido de iniciativas estatales ‘de arriba hacia abajo’. Más aún, se necesitaron gobiernos autoritarios en Chile y México para impulsar algunas de las iniciativas de reforma económica más exitosas de las últimas tres décadas.

Vargas Llosa centra el análisis, correctamente, en los ‘cinco pecados capitales’ de América Latina, visibles como el sol en las instituciones fracasadas de la región. Su visión prospectiva de lo que podría ser una América Latina libre de estas trabas es ciertamente atractiva, pero su argumentación, tomada al pie de la letra, presenta problemas. Si consideramos que estos principios de opresión siempre han sido característicos de América Latina, aun en tiempos precolombinos, corregir las cosas no será nada fácil.

Libertad para América Latina... presenta una interpretación liberal de la historia en reversa: las sociedades latinas fracasaron al liberalizar sus instituciones, por tanto el progreso verdadero es algo que nunca tuvo lugar. El análisis sería más convincente si Vargas Llosa hubiera insistido en mostrar las razones por las cuales los latinoamericanos, luego del movimiento de independencia, fracasaron en el establecimiento de una autoridad política legítima y estable capaz de asegurar las condiciones propicias para la generación de riqueza.

En contraste, el movimiento de independencia norteamericano, luego de establecer exitosamente una nueva autoridad política, pudo desarrollar fuertes vínculos entre el gobierno y los intereses de los empresarios. Visionarios como Alexander Hamilton determinaron un escenario de crecimiento económico poniendo más énfasis en la acción gubernamental que en el ‘laissez faire’. Una perspectiva cimentada por las políticas de protección tarifaria y bajas tasas de interés. El escenario de América Latina, por el contrario, consistió en las vaguedades de los préstamos internacionales y de los precios fluctuantes de sus exportaciones que llevaron a ciclos dramáticos de ‘boom’ y recesión.

De acuerdo con el historiador de la economía Paúl Bairoch, los Estados Unidos experimentaron su crecimiento más espectacular durante sus periodos ‘proteccionistas’ del siglo XIX. Asimismo, el auge del Japón como potencia económica se debió en gran parte a sus políticas proteccionistas. Éxitos que van ligados a un capital humano de superior calidad y un fuerte sentido de compromiso con la prosperidad nacional. El autor hubiera podido mostrar que otros países asiáticos, ahora prósperos, presentan estas mismas características. Al parecer, otras sociedades con fuertes tradiciones de mercantilismo estatal, corrupción, leyes políticas y demás han podido superar estos pecados y progresar.



A través de todo el libro, Vargas Llosa sugiere que los gobiernos latinoamericanos son el resultado de una conspiración por una pequeña élite que busca aplicar ‘leyes políticas’ y aprovecharse de las oportunidades económicas. Un argumento cuestionado por el siguiente ‘hecho incómodo’: ¿Por qué todos los latinoamericanos que pueden hacerlo mantienen su dinero en el extranjero? Esto se podría explicar mejor por el hecho de que una crónica falta de confianza en el gobierno y la consiguiente renuencia a invertir localmente han sido grandes obstáculos para la prosperidad regional.


Como lo ha sugerido Francis Fukuyama en su libro Confianza, los países latinos con frecuencia evidencian un ‘efecto saddle’: existen familias fuertes y un Estado fuerte pero en la mitad no existen suficientes instituciones intermediarias fuertes. Vargas Llosa hubiera podido darle más fuerza a su análisis mostrando cómo la falta de confianza inhibe la prosperidad y contribuye a sus ‘cinco pecados capitales’. Asimismo, luce demasiado dogmático cuando sostiene que no puede haber una reforma plena si no se conforma a los principios del liberalismo clásico.
Lo cierto es que las reformas liberales de las dos últimas décadas en América Latina lograron mínimamente reducir la pobreza. De acuerdo con el sociólogo Carlos Sabino, otro pensador importante entre los liberales clásicos de la región, aun las liberalizaciones y privatizaciones a medias lograron reducir la pobreza allí donde se aplicaron. Siendo sinceros, en el contexto de estos ‘pecados capitales’ lo mejor que puede esperarse es una reforma imperfecta.

Aparte de esto, vale la pena leer Libertad para América Latina... por su diagnóstico sólido pero todavía insuficiente del problema de la prosperidad. Es necesario subrayar, asimismo, que en la región se están llevando a cabo algunos cambios que no son iniciativa estatal. En una conferencia reciente Paul Sigmund, el eminente profesor de política latinoamericana, comentó que cuando empezó a visitar la región en plan de investigador, “todas las librerías estaban llenas de textos marxistas. Ahora todos los libros son del tipo ‘Cómo Empezar un Negocio”.

En Venezuela, Gerver Torres, economista y antiguo funcionario del Banco Mundial, se convirtió en uno de los autores más vendidos ofreciendo un mensaje sencillo: la prosperidad es el resultado, no de canalizar los beneficios del Estado, sino del esfuerzo y la construcción de capital humano. Si América Latina ha de cambiar su suerte, será a través de esfuerzos a nivel de base como estos que logren romper una mentalidad establecida y mitigar los efectos de los cinco pecados capitales.

Cortesía de The University Bookman
Versión libre de Adolfo González Henríquez



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