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Barranquilla, Jueves, 2 sep 2010 10:03:40 PM
 

  
La noche que casi matan la Guacherna


Por IVÁN BERNAL MARÍN

Aunque la Policía reportó únicamente 5 denuncias de hurto, se sabe que en la noche de La Guacherna se presentó un elevado número de acciones delictivas en torno al evento, inclusive el conmutador de EL HERALDO recibió numerosas quejas por esta situación.

Varios factores atentaron contra el desfile nocturno más emblemático del precarnaval.

La luna tuvo la responsabilidad de iluminarlo desde las 6:54 de la noche, cuando el sistema eléctrico falló por primera vez. Hora y media más tarde volvió a colapsar para solo regresar a la 1:20 de la madrugada, tras la finalización del evento.

La falta de luz fue un atenuante para un desorden que consumió de principio a fin al primer gran desfile de los Carnavales de 2008. Foto José Torres

En medio de la oscuridad total el retumbar de la tambora y las ocasionales lucecillas de faroles artificiales que ondeaban y titilaban de un lado a otro en los brazos de los bailarines, fueron en la mayor parte de la noche del viernes lo más cercano al espectáculo que pudieron ver los asistentes a La Guacherna que se ubicaron entre las calles 64 y 69.

Una comparsa de negritos puloy, de la cual hacía parte Richard Cañas, pisaba la oscuridad a la altura de la calle 65. Allí el camino se estrechó y de la comparsa solo quedó una procesión invadida de bailarines espontáneos, policías, niños, viejos, organizadores, vendedores y malandrines.

En esa confusión la mochila donde Richard llevaba la quincena, que recién había cobrado y se preparaba para disfrutar, le fue arrebatada de una cortada con un puñal.

La gran mayoría de las comparsas olvidó el propósito de iluminar que cumplen los faroles en La Guacherna. La cálida luz que irradiaban estos fue vital para que las pocas comparsas que los llevaban pudieran danzar y mostrar sus coreografías, en un estrecho espacio en mitad de un río negro desbordado y turbulento de personas que se tomaban la calle desde cada costado.

La acumulación se acentuaba porque la gente no tenía lugar a donde coger. No había vías de evacuación ni de acceso, por lo cual se produjo el estancamiento.

A Patricia Escobar, directora de Comunicaciones de la Fundación Carnaval, que había realizado gran parte del recorrido, le tocó regresarse y subir por la carrera 44 en sentido contrario al desfile. Al sentirse enferma tuvo que devolverse hasta la calle 74 para encontrar una salida del lugar. “Las pocas salidas estaban hacia la derecha y yo vivo a la izquierda”, asegura Escobar.

Ella fue una de los múltiples afectados por la escasez de salidas de emergencia, lo que bloqueó totalmente el paso de los transeúntes de un lado para el otro. “Cada dos cuadras a la izquierda y a la derecha cada bocacalle debe estar totalmente limpia y servir como salida de emergencia. Aquí no las hay, la gente se acumula allí”.

La falta de vías de acceso agravó la situación, en la medida que obstaculizó el restablecimiento del fluido eléctrico. “En todo el recorrido no hay ni una sola salida. Solo al principio. Si no hay estas vías libres para la evacuación no hay manera de que entre un camión a arreglar ningún problema”, apunta Escobar.

BLOQUEOS DE LA ORGANIZACIÓN

Inexplicablemente en los operativos de los equipos de logística, con apoyo de la Policía, fueron cerrados los andenes de la 44 a la altura de La Troja, con lo cual se imposibilitó la movilidad de los espectadores y se generó un descomunal tumulto de personas que se esforzaban por pasar al otro lado.

En esa multitud sin control se produjeron varios actos delincuenciales. Una de las víctimas fue Sergio Rodríguez, un turista bogotano que interrumpió la programación cultural que disfrutaba en el Hay Festival en Cartagena, y vino directamente a La Guacherna, un evento que le habían descrito como “espectacular”.

Llegó al punto desde el cual le habían sugerido ver el desfile puesto que allí apenas comienza y se encuentra mejor organizado. Se topó con la aglomeración de espaldas de gente que se acumulaba frente a la carrera 44, y que poco a poco lo rodeó. En un momento no pudo caminar más y se encontró asfixiado por la multitud.

Mientras se esforzaba por ver algo del evento, un jalón de un brazo sin rostro lo despojó de su cadena de oro. Los golpes que le dio a quienes lo rodeaban no le sirvieron de nada.

A lo largo de todo el trayecto los mil efectivos de la Policía se esforzaron por contener al público y conservar el orden. Pero sin la luz su labor fue imposible y un largo tramo fue rápidamente inundado por el público.

Por un lado, los agentes y el personal de logística empujaban los barrotes de metal de las vallas de seguridad. Por el otro, cientos de personas que trataban de cruzar la calle se acumulaban y formaban un ariete. En la mitad de las dos fuerzas cruzadas estaban las caras impotentes y apiñadas de los que estaban en primera fila, que no podían hacer mucho con el peso de un montón de desconocidos en su espalda.

Otro de los males que afectó a La Guacherna fue la espuma. Si bien se ha hablado de los riesgos para la salud que puede representar su uso, y de los peligros del envase, ahora se han descubierto casos que demuestran que los delincuentes las están utilizando como armas para cometer ilícitos.

En la carrera 54 con calle 53, casi al final del trayecto, Eduardo Ahumada observaba a los bailarines abrazado a su novia. No conocía a quienes lo rodeaban, sin embargo le echaron espuma directamente en la cara.

Una hora después se dio cuenta que mientras se limpiaba la sustancia de los ojos sus atacantes aprovecharon para robarle un walkman, una billetera, una grabadora y un celular que llevaba en el bolso.

Los locutores de las dos cadenas radiales más importantes del país estuvieron encargados de darle apertura al evento. En su animación se dedicaron a incitar a las personas a arrojar espuma y maicena, desconociendo las advertencias que se han hecho al respecto, por lo cual recibieron un llamado de atención y una advertencia de los organizadores de que no saldrían en la Batalla de Flores si seguían haciéndolo.

El desorden sin propósito ni sentido, propiciado por patrocinadores, organizadores y asistentes, afectó a La Guacherna de principio a fin. Este desfile, con todos sus padecimientos, fue el abrebocas del Carnaval 2008, una fiesta que merece ser tratada con el respeto de lo que realmente es, una Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, no una recocha. Todavía faltan todos los eventos principales.





 
 

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