Se cumple hoy, 7 de agosto de 2008, un aniversario más de la célebre Batalla de Boyacá, que marcaría el inicio de la retirada militar de las tropas españolas del territorio neogranadino.
Tendrían que pasar, en efecto, más de dos años para que, en octubre de 1821, el último soldado al servicio de la monarquía se embarcara en Cartagena de Indias de retorno a su madre patria para no volver jamás.
Consumada la independencia política de la metrópoli, comenzó el largo y duro proceso de construir una sociedad moderna, gobernada democráticamente y regida por un estado de derecho, como quedó consignado en sus constituciones y lo está en el preámbulo de la actual.
En medio de ese inacabado proceso, el gobierno del presidente Uribe celebra también hoy su sexto año de ejercicio ininterrumpido del poder. Una fecha inevitable para hacer balances, así sean breves, por razones de espacio.
Sobre los notables logros que en estos años ha alcanzado el Gobierno en materia de seguridad ciudadana, garantía de los derechos humanos básicos, confianza de los inversionistas y crecimiento de la economía, pocos son los que pueden negarlos en forma convincente.
No son de poca monta esos logros, por el contrario, son y deberían ser los pilares sobre los cuales se empiece a construir, ahora sí y con el concurso de todos, aquella sociedad equitativa, incluyente y solidaria por la cual lucharon nuestros antepasados.
A veces perdemos de vista que, hasta hace muy poco, el Estado en Colombia no ejercía una soberanía absoluta sobre todo su territorio, porque sencillamente había grupos armados que en vastas zonas se oponían eficazmente a ello y donde imponían su ley.
Y mientras el Estado, y sus instituciones, no controlaran plenamente el territorio, no se podía hablar de que gozábamos de una completa independencia. ¿Acaso podían ejercer libremente su poder los alcaldes controlados y amenazados por las Farc o las Auc? ¿O los particulares, transitar por cualquier lugar y a cualquier hora?
El que el Estado, por ahora mediante las Fuerzas Armadas, haya recuperado el control del territorio es un extraordinario logro, porque finalmente empezamos a cumplir una de las premisas básicas de los estados nacionales modernos. Y este Gobierno lo ha venido consiguiendo.
Basta recoger testimonios de los habitantes de innumerables municipios, pueblos y corregimientos, antes bajo amenaza de las Farc o las Auc, para valorar en toda su dimensión los logros de la Seguridad Democrática. Como también, en cuanto a presencia del Estado, de los consejos comunales.
Ahora bien, para construir la sociedad que todos queremos, esos logros son necesarios e imprescindibles, pero insuficientes. Se requiere que el Estado garantice eficientemente la plena vigencia de otros derechos y libertades fundamentales distintos a los derechos a la vida y la libre locomoción.
Y es en eso donde creemos que el gobierno del presidente Uribe no ha tenido los mismos logros registrados en el campo de la seguridad. Ello, muy a pesar de haber contado con grandes recursos fiscales que hubieran podido mejorar de una manera considerable la situación social de más colombianos.
Igual pudiera decirse en materia de infraestructura vial, donde el consenso general es que el Gobierno se raja por lo poco que ha hecho en un frente tan vital para la competitividad del país.
Cuestión aparte es el balance que se pudiera hacer en temas de suyos más controvertidos, como la descentralización, la lucha contra la corrupción, el clientelismo, la política exterior, la política económica o los enfrentamientos con el poder judicial.
En todos esos frentes, el Presidente tiene la tendencia a imponer su punto de vista y, dado el peso de su popularidad, su opinión zanja cualquier discusión. La figura misma del Presidente deja pocos espacios dentro del Gobierno para concertar políticas. Mucho menos hacia afuera.
No obstante, no es gratuito el alto nivel de aceptabilidad del Presidente. Ha sabido darles respuesta a muchas de las necesidades más inmediatas de la gente. Para ello ha apelado a una forma muy heterodoxa de gobernar, cuyos costos en el futuro aún son muy inciertos.
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