Uno de los fines esenciales del Estado es el de servir a la comunidad, así lo establece la Constitución Nacional en sus primeros artículos.
Y no se sirve mejor sino cuando a los ciudadanos se les respeta su dignidad, cuando se les da un trato acorde con su condición humana y sus circunstancias personales.
Es elemental que así sea, porque los tiempos de la esclavitud o de la existencia de castas que establecían diferentes categorías de seres humanos, por fortuna, ya quedaron bien atrás en el pasado. Por cierto, dentro de poco cumpliremos doscientos años desde que empezamos a rebelarnos contra ese tipo de sociedad.
En los nuevos tiempos que comenzaron a partir de entonces, el Estado no es una imposición de un monarca situado del otro lado del mar océano, sino una construcción colectiva, que definen los ciudadanos y financian con el pago de impuestos.
Así es hasta hoy, y no solo aquí, sino en la mayoría de los pueblos y naciones del mundo contemporáneo.
El Estado está, pues, en función de los ciudadanos, por la elemental razón de que son ellos los que con el fruto de su trabajo lo hacen posible, los que financian sus inversiones y también el salario de sus funcionarios.
Esas ideas fundamentales deberían estar siempre en la mente de los empleados públicos, desde el Presidente, pasando por los ministros, directores de institutos descentralizados, hasta el portero de la sede de cualquiera de sus dependencias.
En la realidad, sin embargo, las cosas son muy diferentes. Son muchos los empleados estatales que olvidan darles un trato respetuoso y amable a los ciudadanos, con muy poca consideración de su edad o de otras circunstancias particulares.
Estas observaciones nos surgen a propósito de las inclemencias que tienen que padecer los pensionados del antiguo ISS para que puedan ser atendidos por la Nueva EPS, cuyas puertas abrió recientemente en la ciudad.
Verdaderos calvarios tienen que sufrir los ciudadanos que se acercan desde bien temprano a sus dependencias tan solo para recibir un turno con el cual podrán ser atendidos más tarde.
Algo verdaderamente absurdo a estas horas de la vida, cuando se cuenta con toda clase de recursos tecnológicos para que esos trámites puedan ser obviados, buscando siempre una mejor atención a los usuarios, quienes, como lo dijimos, son los que con sus aportes financian esa entidad.
Por los testimonios de los madrugadores, tal parece que la Nueva EPS de nueva tiene muy poco, porque los procedimientos de atención al público son los mismos de siempre, como si se les estuviera haciendo un favor.
Por ello, razón no le faltó a una ciudadana, ante el vía crucis para obtener el bendito turno, cuando expresó: “Esto no es una caridad, nosotros pagamos”.