Luego de una extensa campaña proselitista, se llevan a cabo hoy en la República Dominicana elecciones presidenciales, en las que el actual mandatario, Leonel Fernández, aspira a la reelección.
La noticia no tiene por qué suscitar mayor interés en el país habida cuenta de los últimos sucesos políticos que han acaparado, con razón, la atención de la opinión pública, y que la seguirán acaparando en los próximos días.
Independiente de eso, la verdad es que ni siquiera a nosotros en la Costa nos desvelan los asuntos de la geopolítica de los países de la Gran Cuenca del Caribe, sobre los que no tenemos mayores conocimientos más allá de los generales relacionados con la música o el deporte.
Así ha sido siempre, por lo demás, en razón de las prioridades de la política exterior colombiana, en la que el Caribe ha estado tradicionalmente relegado a un tercer y cuarto plano.
Prueba de ello es que al inicio de este Gobierno se suprimieron las embajadas en Barbados, Haití, Belice, Trinidad y Tobago, donde tiene sede la Asociación de Estados del Caribe, y Guyana, sede de Caricom, los dos organismos multilaterales más importantes de la Gran Cuenca.
Se podría argüir que esos países no representan mercados atractivos para nuestras exportaciones y por eso no es necesaria una representación diplomática en cada uno de ellos, pero no es el caso de República Dominicana, que es el quinto país de destino de nuestras exportaciones.
En efecto, después de Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Perú, el país del merengue, de Juan Luis Guerra y Johnny Pacheco, es el quinto destino de nuestras exportaciones, por encima de países como Brasil, México y Argentina.
Y no es que no tengamos Embajada en Santo Domingo, el problema es que hace ya varios meses no hay embajador por los procedimientos formales que se tienen que surtir, y aún no se sabe cuándo lo hará quien aspira a ese cargo, el dirigente payanés Juan José Chaux Mosquera, quien remplazará al senador caldense Luis Emilio Sierra.
Esta circunstancia pone de manifiesto el escaso interés del Gobierno no solo por República Dominicana, sino por el Caribe en su conjunto, a donde se envían por lo general funcionarios sin experiencia diplomática, sin ninguna afinidad cultural con sus pueblos y sin agenda comercial bajo el brazo.
El caso es que esa situación nos mantiene aislados de nuestro entorno natural, lo que no nos permite aprovechar todas las oportunidades comerciales, culturales, educativas y hasta políticas que se podrían derivar si tuviéramos una presencia más activa en el Caribe y en cabeza de diplomáticos costeños.
Pocos son los que reparan sobre estos asuntos, puesto que la mayoría de nuestros dirigentes se concentra en otros asuntos quizás más prioritarios para la región, pero no por ello se deben descuidar al punto que casi nadie se interese en el Caribe.
Hoy no hay, por ejemplo, ni desde Bogotá, vuelos directos a Santo Domingo, como antes los hubo. Y hablamos de globalización, libre comercio y demás conceptos.
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