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Barranquilla, Viernes, 25 jul 2008 12:04:22 PM
 

  

Lectores escriben

NO OLVIDEMOS NUESTRA MÚSICA

Últimamente ha sido muy frecuente, leer especialmente en este diario EL HERALDO, las diferentes opiniones sobre como se programa la música en los diferentes medios de comunicación de la ciudad (emisoras).

No dan ganas de sintonizar esas emisoras de medio pelo, como las llama el Maestro Chelo De Castro. Los discjockeys, como se hacen llamar esos programadores, no tienen nada de gracia, ni talento, ni conocen de nuestra música, ojalá hubieran tenido la oportunidad de escuchar a los grandes locutores de nuestra época.

Las opiniones son numerosas y parece que sucede en muchas partes, porque según un señor de apellido Cervantes, que reside en Nueva York y era entrevistado en el programa Satélite de Emisora Atlántico, manifestó que las emisoras de allá han sido adquiridas por las multinacionales productoras de música y solo programan lo de ellos, la música tradicional, hay que escucharla por Internet.

Otra opinión valedera, fue la del señor Beto Cross, quien escribió desde California, Estados Unidos. Sus comentarios fueron publicados en este periódico de fecha 9 y 10 de marzo pasado. Entre sus varias observaciones, una me llamó la atención, dice que cuando le preguntó a un amigo suyo de 22 años, estudiante de sociología, que por qué al costeño dejó de gustarle la música costeña, respondió, porque no la escuchan en la radio.

En lo que a mí respecta y he podido apreciar, ya esto me lo habían comentado hace rato, la ignorancia que tienen los tales discjokeys, sobre nuestra música tradicional y en especial para la época de Carnaval.

Por cuestiones de convivencia, en los carnavales recién pasados, asistí a tres lugares diferentes, los ambientes, por supuesto, eran diferentes, en todos ellos noté la falla de los discjockeys.

En el primer sitio, que era un estadero, su especialidad la música salsa —soy salsero— me gusta esa música, pero en Carnaval debe prevalecer la música de Carnaval. En el segundo lugar donde fui, era una fiesta en la cuadra, estruendoso picó, pero nada de música carnavalera, hasta rancheras de despecho sonaron. En el tercer lugar, era una fiesta organizada por los coleccionistas de música, muy buena fiesta, bien organizada, buenas orquestas, pero cuando venía el receso de las orquestas, el discjockey fallaba, solo repetía los mismos temas una y otra vez, hasta que el público protestó, el hombre no conocía ni papa de música de Carnaval.

Poseemos una riqueza en música tropical, carnavalera, pero de seguir así, se perderá la esencia del Carnaval, prevalecerá una música extranjera y otras que no van acorde con nuestras fiestas —una música muy insulsa y repetitiva—.
Otra faceta, es el poco apoyo y estímulo que reciben nuestros músicos, solo los utilizan para acompañar a los artistas extranjeros. Para la fiesta de cumpleaños de Barranquilla pasa lo mismo, la gente encargada de las tarimas no programa nada alusivo a nuestra tierra.

Sobre los carnavales se oyen toda clase de quejas, pero deben primero tratar de asimilar nuestra música, adaptarse a ella, gozársela, en Brasil solo es samba, allá no llega otra clase de música, cada uno gócese nuestra música y haga su propio carnaval y no dejarnos influenciar por otras tendencias, no es que no tengan derecho pero no tan abrumadoramente.

Hugo H. Cabrera Solano
C.C. 3.679.938 B/quilla.


1968

En 1968 cursaba 6º año de medicina. Mis mayores preocupaciones no estaban centradas en las revueltas de París, ni en México en la masacre de Tratelolco. Estaba pendiente de la satisfactoria culminación de mis estudios médicos.

En dónde realizar el ‘internado ratario’ requisito sine qua non para poder graduarme sin contratiempos en 1969. Pero, recuerdo bien que si tenía conciencia del fenómeno socio político y cultural que se daba en el resto del mundo.

Tanto, que llegué a escribirle una carta a Alberto Duque López, condiscípulo en el Colegio San Francisco, la figura más representativa del Nadaísmo en la Costa, solicitándole mi ingreso al movimiento que lideraba Gonzalo Arango.

Al Nadaísmo se le estimaba como una corriente ideológica hija del existencialismo de Kierkeger, Jaen Púl Sastre y Albert Camus, con el que estaba entusiasmado en esos días. Mi ferviente simpatía con este movimiento era por su afín mensaje filosófico literario. No me llamaba la atención el estilo ‘hippie’ de la mayoría de sus integrantes.

En un momento tan convulsionado y tan polarizado de la historia, por la guerra fría, en el ámbito universitario no había alternativa distinta a ser comunista o anticomunista. El anticomunista era considerado de derecha, pro yanqui. Me parece que todavía hay personas que piensan así. Un joven In tenía que ser comunista y punto.

En Cartagena, en su Universidad, donde estudiaba, el coletazo de lo que sucedía en otros países se emulaba con una divertida actividad intelectual. La sede de la Alianza Colombo Francesa, ubicada a un costado del Parque Fernández Madrid, era epicentro de este torbellino contagiante. Allí era asiduo contertulio de exposiciones, recitales musicales y encuentro de poetas y escritores. Al calor estimulante de una ‘chicha’ de jugo de fruta natural (corozo, guayaba o tamarindo) con ron blanco que uno mismo se servía de una olla de barro con un cucharón de palo.

Las tertulias de la Alianza, por lo general, tenían un “remate de corrida” en el Grill El Dorado ubicado en el Barrio Getsemaní al compás de la inigualable música de los Gaiteros de San Jacinto del maestro Toño Fernández.

Bueno... y al fin la revolución llegó a nuestra Universidad. Paro indefinido. Los únicos estudiantes que no apoyaron la huelga fueron los de último año de medicina.

Para entrar a clases, al Hospital Santa Clara, tuvimos que enfrentarnos a la brava con los organizadores de la protesta. Los comunistas de mi curso, activistas de la Juco, se hicieron los de la vista gorda y le dijeron “mamola” a su partido.

Hoy, algunos son adinerados profesionales de la medicina, obsecuentes servidores del capitalismo que tanto combatían y otros viven ricos y plácidamente el sueño americano en el imperio Yanqui.

En 1968 la juventud se apoderó del mundo. Hubo fiesta y me la parrandié. “Fue un año precioso”, afirma Tomas Eloy Martínez en la revista Semana. El “despelote” exclamó atormentado el general Charles de Gaulle.

Teobaldo Coronado Hurtado
teocorona@hotmail.com


EL MURCIÉLAGO Y LA RABIA

La prensa da cuenta de la muerte de un joven de 15 años, en el Departamento de Santander, quien fue mordido en la mano derecha por un murciélago cuando se encontraba en una cancha de fútbol de una Aldea. Aunque a la fecha no se tiene el resultado de la necropsia, todo apunta que fue una infección por el virus de la rabia.

La rabia transmitida por los murciélagos a otros animales fue un hecho observado en la primera parte del siglo XIX. En 1929 se identificaron los primeros casos en Trinidad, registrándose 17 casos fatales.

Los murciélagos son mamíferos voladores, con alas, nocturnos, se orientan mediante la emisión de ultrasonidos, con hábitos alimenticios muy diversificados. Aunque la mayor parte se alimentan de insectos, de pólenes y de frutos, hay los que atrapan peces en la superficie del agua, otros son verdaderos depredadores de ranas, roedores y de aves.

Otros «vampiros» se diferencian de los demás por alimentarse con exclusividad de la sangre (son hematófagos), consiguen su alimento posándose en horas nocturnas cerca de su víctima por lo general vacas, caballos, ovejas, cerdos, perros, aves, roedores o incluso seres humanos, aunque poco penetran en las casas, sólo se atreven a morder a personas que duermen al aire libre o, más raramente, en tiendas de campaña abiertas.

Prefieren los animales domésticos a los silvestres debido a que el sueño de aquellos es más profundo y el éxito de su sustento estriba en la nada despreciable tarea de inflingir una herida sangrante a su presa sin que ésta lo advierta ni despierte de su sueño.

Muy cautelosamente, selecciona un lugar adecuado de mordedura; en el hombre, los sitios preferidos son los dedos de los pies, los lóbulos de las orejas, la punta de la nariz o el cuello. Las zonas mejor irrigadas de sangre son detectadas mediante unos receptores térmicos existentes en las estructuras nasales. Si en la región elegida hay pelos, como ocurre en las reses, éstos son previamente afeitados.

Luego muerde con sus afiladísimos incisivos que, cuando la herida comienza a sangrar, aplica repetidamente su lengua para lamer la sangre. La saliva, que posee propiedades anticoagulantes, mantiene la hemorragia, de modo que la víctima sigue sangrando aun cuando el murciélago haya dejado de lamer. Lo habitual es que una persona atacada ni se entere, sorprendiéndole al despertar el hecho de encontrar su cuerpo o las ropas del lecho manchadas de sangre.

La mordedura en sí no representa ningún peligro inmediato por la cantidad de sangre succionada a una persona, salvo en el caso de lactantes atacados repetidamente y su saliva, carece de cualquier efecto sistémico, pero el mayor riesgo de su mordedura estriba en que son frecuentes portadores del virus de la rabia, es el principal reservorio de esta enfermedad en Sudamérica y sigue siendo un importante vector de rabia; también pueden transmitir la enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana.

Por ello, la mordedura de un murciélago debe ser inmediatamente lavada con agua jabonosa o con un detergente; posteriormente se aplica un desinfectante y se realiza profilaxis antitetánica. El murciélago, si es capturado, debe remitirse para su análisis a un centro antirrábico; se enviará la cabeza del animal en un frasco relleno de glicerina.

Habitualmente y debido a que el murciélago vampiro habrá huido, será preciso dirigir a la persona mordida al centro antirrábico para administrar vacuna. Hacerlo así importa mucho, debido a que la rabia carece de tratamiento y es siempre mortal.

Se ha demostrado que algunos murciélagos no vampiros del tipo fructívoro e insectívoro pueden ser capaces de albergar y transmitir el virus de la rabia y por tanto, representan un riesgo para la población humana y animal. Son altamente sospechosos de portar el virus de la rabia los murciélagos que muerden furiosamente, que atacan sin provocación o que lo hacen en horas diurnas, sin embargo en ellos se puede ser un portador asintomático capaz de transmitir el virus.

Para Santiago “malibú” Guerrero de Calamar “la sangre es altamente nutritiva y acceder a tan buena fuente de nutriente no es solo una singular costumbre alimenticia de los murciélagos “vampiros”, sino que son comunes de nuestra especie, recuerda a los bebedores de la sangre fresca de vaca en el momento en que el animal es sacrificado, o del consumo que hacemos de la sangre del cerdo en forma de morcillas”.

Agustín Guerrero Salcedo
Médico- Toxicólogo- Salubrista Ocupacional.



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