Mientras en el mundo se insiste en la preservación de la naturaleza, en Barranquilla se registran atropellos como éste captado por Carlos Peláez Pérez, asiduo lector de EL HERALDO, en la carrera 38 con calle 80. Al indefenso burro lo alzan y lo dejan suspendido largos minutos mientras desocupan la pesada carga que llevan en la carreta. Luego el animal, adolorido, es bajado de un salvaje golpe y cae de barriga al pavimento, lo que lo deja sin aliento. ¿Hay derecho a que su dueño lo trate así? ¿Dónde están las organizaciones protectoras de animales? ¿Existe un castigo para esto en las leyes colombianas? Si no lo hay, debería haberlo... y severo.