El clima de opinión reinante en Barranquilla acerca del curso que la ciudad está siguiendo bajo el gobierno del alcalde Alejandro Char sigue siendo de optimismo.
Así lo reveló la encuesta más reciente del programa ‘Barranquilla Cómo Vamos’, que apoyan las fundaciones Promigás y Corona, las cámaras de Comercio de Bogotá y Barranquilla, El Tiempo y EL HERALDO.
En términos generales, la mayoría de los encuestados considera que el Alcalde está haciendo una muy buena gestión al frente de la Administración Distrital: un 84% tiene una imagen favorable del mandatario local.
Un porcentaje bastante alto, de hecho el mayor entre los alcaldes de las principales ciudades del país y, sin duda, algo excepcional si tenemos en cuenta que está próximo a arribar a la mitad de su período constitucional.
Esa opinión, por supuesto, no es gratuita. El alcalde Char demuestra cada día ser un incansable trabajador por un mejor desarrollo y progreso de la ciudad. Sensible a los principales problemas de la mayoría de sus habitantes está siempre presto a tratar de resolverlos y a gestionar los recursos necesarios para ello.
En lo que hace al manejo financiero del Distrito, la tarea llevada a cabo en ese frente sigue siendo igualmente ejemplar y merecedora de la confianza de los contribuyentes, como del Gobierno Central. Algo imprescindible para jalonar recursos del presupuesto nacional que financien los gastos de inversión de la Alcaldía.
Inversión que se aprecia en obras de infraestructura, especialmente en el sector vial y en el educativo. Casi semanalmente, el Alcalde está entregando calles pavimentadas en diferentes barrios de la ciudad a los que nunca llegó ni una motoniveladora.
Sobresale también la gestión del Alcalde en la tarea de promocionar a Barranquilla ante inversionistas nacionales y extranjeros. Un día lo vemos en la Asamblea Nacional de la Andi, luego en Francia o Buenos Aires, y mañana desde cualquier lugar del mundo.
Para sus logros, el Alcalde goza de la total confianza y respaldo del Presidente y, por ende, del Gobierno Nacional, algo que no es poca cosa, más para una ciudad que encontró sumida en la total bancarrota financiera y en el caos absoluto en términos administrativos. Obras como la recuperación del Centro Histórico o la ampliación de la Circunvalar reciben el agua bendita del presupuesto de la Nación.
Así mismo, el burgomaestre ha contado con el apoyo del Concejo Distrital, que le ha aprobado la mayor parte de sus iniciativas y que ha sido más bien tímido en cuanto a su labor de control político.
Cabalga igual el Alcalde sobre el buen momento que, a pesar de la recesión de la economía nacional, registran las inversiones productivas en la ciudad. Lo cual no deja de ser también un indicativo de la confianza que despierta su Administración en los inversionistas.
No obstante todos estos aspectos positivos que explican, con sobrada razón, la alta opinión favorable que los barranquilleros tienen sobre el alcalde Char, hay otros en los cuales esos mismos ciudadanos todavía esperan mucho de su gestión y sobre los que aún no aprecian significativos avances.
Es particularmente crítico el tema de la seguridad ciudadana. La percepción de inseguridad va en aumento, en la misma medida en que se incrementan los atracos callejeros, los hurtos residenciales y los homicidios a sangre fría y a plena luz del día.
Es probable que en esa percepción sean determinantes los últimos asesinatos cometidos en diferentes sectores de la ciudad por jóvenes sicarios. Lo cierto, sin embargo, es que el temor de los ciudadanos de ser víctimas de un acto de violencia va en aumento.
En cuanto a los problemas ambientales y a la calidad de vida cotidiana –asociada a espacios públicos de esparcimiento, parques, zonas verdes, deportivas, andenes y demás– la calificación de la gestión del Alcalde sigue siendo baja, como la ha sido desde antes.
Son evidentes, pues, matices claroscuros en la tarea del alcalde Char de gobernar esta singular ciudad. Avances positivos –los más– en algunos aspectos vitales de su Administración y estancamientos en otros indispensables para una mejor calidad de vida colectiva.
Lo que es indudable es que hoy Barranquilla es otra. Lejos, eso sí, siquiera de ser un buen vividero. Pero vamos por buen camino y de la mano de un buen Alcalde.