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Barranquilla, Jueves, 2 sep 2010 10:19:11 PM
 

  

Editorial: El reclamo de Lula

El balance reciente del gobierno del presidente Obama al frente de los destinos de Estados Unidos mostró un nivel considerable de desencanto frente a sus promesas de campaña.

Más que frente a ellas, la desilusión de un porcentaje alto de los ciudadanos es frente a las enormes expectativas de cambio que generó su ascenso a la Casa Blanca. Muchos estadounidenses alimentaron, ciertamente, la ilusión de que se abría una nueva era de grandes transformaciones políticas y sociales.

Las cosas, sin embargo, no han sido como se esperaban. El Presidente todavía pareciera estar tomándole el pulso a las grandes responsabilidades que tiene sobre sus hombros y calibrando la compleja geopolítica que domina el mundo actual.

En muchos aspectos ha habido más continuidad de lo que se hubiese esperado, particularmente en la composición de su equipo de gobierno. Antiguos colaboradores de la anterior administración, así como la del ex presidente Clinton, rodean hoy al joven mandatario.

Obama simplemente está acomodándose a la dura realidad de que una cosa es el mundo visto desde las orillas de la oposición, y otra es cuando se está al frente del gobierno. Que una cosa son los planteamientos de campaña y otra cosa son las decisiones que tiene que tomar en el día a día.

Realpolitik se denomina al dilema que enfrentan los gobernantes entre actuar según ideales éticos o morales y los intereses prácticos y urgentes que la realidad les impone. En política exterior supone poner los intereses nacionales por encima de los intereses del resto del mundo, algo que debe ser muy complejo y tensionante para quien ocupe la Casa Blanca.

Para Washington no hay mucho espacio para reflexionar sobre los cursos a seguir en varias regiones del mundo, es lo que parece le ha sucedido a Obama en estos meses frente a Irak, Irán y Afganistán. La escalada de la guerra, la deserción paulatina de varios de sus aliados en la zona y otros problemas que no dan tregua han forzado varias decisiones del Presidente que contradicen lo que había anunciado en campaña.

Lo que sí es obvio es que el Medio Oriente constituye la principal prioridad de la política exterior de Estados Unidos, y lo será en el horizonte de corto y mediano plazo. De eso a nadie le puede caber la menor duda.

Lo que no significa que otras regiones del mundo deban descuidarse, por ejemplo, como América Latina. No obstante, esa pareciera haber sido la actitud hasta ahora del Departamento de Estado. Y aunque no haya sido así, esa sí ha sido la percepción de varios mandatarios de esta parte del continente.

Nada menos con el presidente Lula a la cabeza. En efecto, en una declaración reciente en Londres, el mandatario brasileño se quejó de que Obama no le ha prestado la suficiente atención a los asuntos latinoamericanos.

Lula hizo tal afirmación recordando las expectativas que en nuestros países generó su presencia y sus palabras en la pasada Cumbre de las Américas el pasado abril en Trinidad y Tobago. Para Lula, sin embargo, “…nada concreto ha ocurrido desde entonces aparte de la crisis de Honduras”.

De ese reclamo es fácil deducir, entonces, que el jefe de estado del Brasil forma parte de aquel grupo de personas que se han visto desilusionadas hasta ahora con el gobierno de Obama; al menos en lo que respecta a Latinoamérica, de la cual Lula es hoy por hoy su principal líder y vocero.

No obstante, el Congreso estadounidense pareciera haber entendido el descontento del brasilero porque finalmente esta semana el Senado aprobó el nombramiento del académico chileno Arturo Valenzuela como subsecretario de Estado para América Latina.

Se espera que ahora sí la administración del presidente Obama se ocupe en diseñar una nueva política para el sub-continente que responda a las expectativas de sus gobernantes y que reconozca las realidades geopolíticas que se han ido dibujando en los últimos años.

En ese sentido, el nombramiento de Valenzuela fue visto como una buena señal, puesto que el nuevo funcionario es un amplio conocedor de nuestros países, no solo por su trayectoria académica, sino porque ya trabajó como asesor para Latinoamérica en el gobierno de Clinton.

De esa forma se responde al reclamo de Lula, pero a la vez se generan nuevas expectativas en torno a Valenzuela.





 
 

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