Las carreteras de la región Caribe ya empezaron a verse congestionadas desde el fin de semana pasado por el aumento del tráfico automotor con ocasión del inicio de la Semana Santa.
Como ya se ha convertido en una tradición, estos días se han vuelto una breve temporada de vacaciones que los ciudadanos aprovechan para viajar fuera de sus ciudades de residencia a lugares de descanso y a visitar aquellos sitios que celebran de manera especial los días santos.
El tráfico por las vías de la Costa tendrá, entonces, un notable incremento por las razones anteriores, además del aumento vegetativo que ha tenido el parque automotor del país en los últimos años.
Esta circunstancia pondrá en evidencia, una vez más, la insuficiencia de la red vial de la región para atender adecuadamente el número de vehículos privados, como de transporte público, que rodarán por sus carreteras. Algo que viene de mucho tiempo atrás, pero que sin embargo no ha tenido la debida atención de parte del Gobierno Nacional, a pesar de tantos anuncios al respecto.
Como ya es ampliamente conocido y reconocido, el denominado Plan 2.500 tiene un enorme rezago en su ejecución, particularmente en los tramos que atraviesan los departamentos de la Costa Caribe. Quien salga de los límites del Atlántico a los departamentos vecinos podrá constatar fácilmente esa situación.
El déficit de amplias vías que le den cabida a las caravanas de vehículos que rodarán en los próximos días traerá, entonces, por razones obvias, el aumento de los riesgos de accidentes de tránsito, con sus eventuales implicaciones en la integridad física de sus ocupantes.
Es el momento, pues, de que todas las autoridades de tránsito, del orden nacional, departamental y local, pongan en ejecución sus planes de prevención y atención vial para que el tráfico fluya sin mayores contratiempos, evitando al máximo la ocurrencia de accidentes.
En este sentido, hay que reconocer que esos planes han mejorado su eficacia si nos atenemos al número de víctimas que han dejado las últimas temporadas de vacaciones en el país.
No obstante, en materia de prevención de la accidentalidad automotora nunca es prudente bajar la guardia; por el contrario, siempre hay que redoblar los esfuerzos, máxime cuando el número de vehículos que se ponen en movimiento esta semana en la red vial nacional es considerablemente mayor al del promedio del resto del año.
Un énfasis especial se le debe dar a las campañas que previenen el consumo de alcohol en quienes vayan a conducir, puesto que está ampliamente demostrado que esa es la primera causa de accidentes en las carreteras. Campañas que deberían estar a cargo de las autoridades locales, ojalá en todos los medios de comunicación disponibles.
En lo que hace a Barranquilla y al departamento del Atlántico, se pondrán nuevamente a prueba los agentes que recientemente asumieron el control del tránsito en la ciudad, que por estos días debieran apoyar al tránsito departamental, al menos en sus cercanías.
Si aún no ha sido posible la coordinación en asuntos administrativos entre las dos entidades responsables del tránsito, las exigencias de estos días sí deberían propiciarla en asuntos operativos. Todo por la seguridad vial que es, en últimas, la razón de ser de ambas.
El caso de coordinación también es extensivo el sistema hospitalario y de salud que, en coyunturas como la de esta semana, funciona como complemento a los planes de seguridad vial.
Solo deseamos que en esta Semana Mayor la vida sea motivo de reflexión. Que no tengamos los medios que dar cuenta de accidentes mortales de tránsito por ninguna causa, mucho menos por la falta de observancia de las normas de seguridad que rigen en toda la Nación.