Las manos exportadoras de la Zona Franca son de mujer
Johanna Pacheco es la operaria más nueva de Barranquilla Industrial de Confecciones.
Por Alix López Fotos Aleidys Coll
Denis de las Salas Granados y Johanna Pacheco Machado tienen 31 años de diferencia y están separadas por escasos cinco metros de distancia en la fábrica de textiles donde laboran como operarias.
La primera es la veterana, próxima a pensionarse después de 21 años de trabajo y la segunda, con un año en la empresa, es la más nueva en este oficio en el que viven rodeadas de tijeras, hilos y máquinas de coser.
Denis, con 55 años de edad y una sonrisa contagiosa vive orgullosa de haber educado sola a sus cuatro hijos, mientras que Johanna, con 24 años y con algo de timidez, se graduará en diciembre como secretaria ejecutiva, en parte, por el apoyo de sus papás Jairo y Janeth.
Allí en esa extensa área en Barranquilla Industrial de Confecciones, donde las dos trabajan, tienen amigas incondicionales como Janeth Barrios, Janeth Cotúa y Rocío García.
“Somos como hermanas porque mi vecina -como le dice Denis a Janeth Barrios- llevamos 14 años juntas frente a la máquina, dice, mientras detiene la cosida del bolsillo de un pantalón para hombre que se despacha al mercado nacional. Para el jefe de personal, Geovany Jiménez Klever, lo bueno de dirigir mujeres -tiene a 150 de los 170 empleados a su cargo- es que tienen empuje y ganas de trabajar.
“Con el vidrio, todo el proceso se hace con riguroso cuidado”, dice Martha Malvaceda.
Cuatro cuadras más adelante, en la planta de Saint Gobain, exportadora de vidrios de seguridad y de arquitectura, otra mujer, Martha Malvaceda Salcedo, es una de las dos operarias vinculadas al área de serigrafía, el arte de pintar el vidrio con una película especial.
Junto con Iris Villareal comparten a diario con 182 hombres que, como ella misma lo dice, las tratan con camaradería y mucho respeto.
Esta madre cabeza de familia de 36 años, residente en el barrio Las Moras, se siente feliz de tener a a Harold Alcántara, su hijo de 14 años, a quien ha criado a punta de esfuerzo y de muchos trasnochos.
Para ella, lo más difícil fue el primer día de trabajo cuando sintió pena de verse rodeada de tantos hombres, pero a medida que iban pasando los días, se dio cuenta que el trato era especial.
“Estoy en una buena empresa, gracias a mi salario, puedo educar a mi hijo que le gusta vestir bien”, dice, enfundada en su habitual uniforme de protección, antes de ingresar a la ‘sala de cirugía’, como llaman al área donde se desenvuelve porque además de la calidad, cada detalle se hace con cuidado.
Celmira Sánchez Vega, la gerente de recursos humanos, elogia el trabajo de ellas porque considera que tienen mucha voluntad.
Comprometidas y muy disciplinadas en el oficio que desempeñan. Así son las mujeres de la Zona Franca de Barranquilla. Como quien dice: exportaciones con manos de mujer.