Los hermosos muebles tallados de Sampués, los accesorios en caña-flecha de los zenú, los coloridos chinchorros guajiros, la imponente mochila de los arhuacos, los tejidos de San Jacinto y los adornos en palma de iraca de Usiacurí… Toda el alma de la Costa Caribe expresada a través de las maravillosas manos de los artesanos de la región.han engalanado las pasarelas del país y Europa.
Las hamacas de San Jacinto tienen alta demanda en mercados internacionales.
Contra viento y marea, más allá de ires y venires de la moda y de los avances de la tecnología en este mundo industrializado, el trabajo manual de centenares de personas en cada departamento logra mantenerse como expresión viva de la riqueza cultural y de las tradiciones de esta región.
Podría decirse que la imagen de Colombia ante el mundo se afianza en buena parte debido a la imagen de un hermoso sombrero vueltiao, una colorida hamaca o de creativas máscaras de Carnaval talladas en madera.
Aunque el trabajo manual presenta variaciones de región en región, en esencia las artesa-nías son un valioso eje de cohesión e identidad de los costeños en general, y un símbolo de Colombia ante el mundo.
Atlántico: Carnaval, iraca y mucho más…
Usiacurí, centro artesanal por excelencia en el Atlántico, es reconocido por el trabajo de sus artesanos con la palma de iraca, con la cual tejen la más variada muestra de accesorios de vestir, y de artículos para el hogar.
La centenaria tradición de sus tejedoras va de generación en generación, dando muestras de creatividad inagotable. Pero además, Atlántico es famoso por sus artesanías de Carnaval, hechas en madera, papel maché, tela, tejidos y en cerámica, entre otros. En estas artes, si bien participa todo el Departamento, el principal centro artesanal es Galapa.
Sin embargo, nuevos ejes de producción artesanal se abren paso en este Departamento: la producción de hamacas en Barranquilla, desde donde hoy se exportan a los más remotos lugares y los adornos tallados en mármol y madera, principalmente.
En 2006, el Atlántico exportó a Europa y Norteamérica más de un millón de dólares en artículos elaborados a mano por artesanos de distintos municipios, en cerámica, madera, cestería, manufacturas, objetos en vidrio, tapicería, textiles y objetos en mármol.
Las hamacas, con ventas por más de 900 mil dólares, fueron las artesanías más solicitadas, seguidas por objetos de decoración elaborados en mármol, por 258 mil dólares, y en un tercer lugar se posesionó la cestería, con 116.791 dólares. Los destinos son principalmente Estados Unidos y países europeos como España y Alemania.
Cesar: Mochilas arhuacas para Colombia y el mundo
Sin duda uno de los mayores atractivos en la tierra del Cacique Upar, en cuanto artesanías se refiere, lo constituyen las mochilas arhuacas y las kankuamas, con tejidos a base de productos naturales que elaboran las mujeres de las etnias en los asentamientos de la Sierra Nevada y que son comercializadas en las tiendas y establecimientos de Valledupar.
Las mochilas arhuacas, a diferencia de las kankuamas, se tejen con lana de ovejo, las segundas con fique, que le dan el color natural. Sin embargo, ambas se constituyen en las artesanías representativas de esta tierra, que muestran la autenticidad de una costumbre que se ha sostenido de generación en generación en las comunidades indígenas, y que son apetecidas por la civilización occidental. Habitantes de Valledupar y de otras latitudes de Colombia y el mundo llegan a esta localidad en busca de las ya famosas mochilas de los nativos de la Sierra.
En la Tienda ‘Compae Chipuco’, especializada en la venta de artesanías propias de la región, también se exhiben los poporos en calabazos que fabrican los hombres de las comunidades indígenas, igualmente se destacan las esteras de Chimichagua, otro producto que resulta atractivo para propios y foráneos en este territorio. (MB)
La artesanía en caña flecha, desde Córdoba, trasciende las fronteras, no solo con el famoso sombrero vueltiao, sino con artículos como pulseras, bolsos, aretes, correas y demás productos que surgen del ingenio de esta región. (Foto Eduardo García)
La caña flecha impone la moda desde Córdoba
La caña flecha —planta cultivada en los alrededores del resguardo Zenú para la confección del sombrero vueltiao— impone la moda desde Córdoba para el resto de la Costa Caribe.
Con la hoja de esta planta, además del famoso sombrero fino vueltiao, los artesanos elaboran otro tipo de atuendos, tales como cinturones, anillos, aretes, pulseras, billeteras, bolsos masculinos y femeninos, y sandalias. Hoy día, esos elementos hacen parte de la moda quizás mundial y se consiguen a muy buen precio en cualquier tienda, parque o centro comercial.
Los investigadores que reconocen el boom de la artesanía en caña flecha sostienen que existen tres clases de plantas de esa especie: la caña flecha criolla, originaria del resguardo indígena Zenú; la ‘martinera’, que es más rústica y se consigue también en zonas del resguardo, y la ‘costeña’, cultivada en las márgenes de los ríos San Jorge, Cauca y Sinú.
Para la elaboración de los artículos antes citados, los artesanos utilizan solo la vena interna de la hoja, le retiran los lados, la raspan y la dejan secar al aire libre hasta poder utilizarla en la confección de los elementos artesanales que recorren el mundo. (EG)
En Sucre, tejedores y talladores por excelencia
El Departamento de Sucre, al igual que Nariño, Córdoba y Boyacá, cuenta con un potencial artesanal muy considerable, que de acuerdo al último censo económico nacional del sector artesanal, se estima en 5.919 artesanos.
El oficio artesanal no solo es una labor que se desarrolla paralelamente a otras actividades de su cotidianidad, sino que es el soporte económico de muchos hogares, principalmente de aquellos donde la cabeza de familia son mujeres.
La mayor concentración de actividad artesanal se da en el municipio de Sampués. Según el último censo municipal hay más de 225 microempresas familiares, de las cuales 82 son talleres de carpintería, 42 de talabartería, 26 curtiembres y más de 100 tejedores de trenza en caña flecha.
Es sin duda el municipio de mayor oferta artesanal y capacidad de producción del Departamento.
El oficio artesanal de mayor tradición es la tejeduría en algodón, de origen precolombino y se concentra en el municipio de Morroa, en la zona rural de Corozal, corregimientos de Don Alonso y las Llanadas, donde las mujeres que hacen hamacas exportan a Suiza sus productos a través de una cooperativa que conformaron ochenta de ellas. Además, en el municipio del Roble y Sincelejo, en el corregimiento de Chochó.
La cestería más característica es la de iraca y cepa de plátano del municipio de Colosó, donde además hacen bastones de exportación, con gran calidad técnica y diseño.
Otros oficios tradicionales artesanales del departamento son en Sampués, donde tejen en caña flecha, de origen indígena, en palma de vino y corozo, además del arte de tallar la madera. Sin embargo, el símbolo por excelencia tanto de este Departamento de Córdoba, al igual que de la Costa Caribe y de Colombia en general, es el sombrero vueltiao, que han lucido reconocidos líderes mundiales como Bill Clinton, por ejemplo.
Este accesorio es una necesidad y una ornamentación para el hombre trabajador de estas tierras. Nació de la necesidad del campesino de protegerse de los ardientes rayos del sol en las labores del campo.
Inicialmente el sombrero vueltiao era de un solo color, blanco crema; le decían ‘sombrero de vueltas’, o ‘sombrero indiano’. El sol y la lluvia lo familiarizaron con el campo, especialmente en la ‘vaquería’. Luego evoluciona y aparece el color negro, perfeccionando su trenzado.
Los términos ‘de vueltas’ y ‘vueltiao’ vienen del recorrido en espiral que hace la trenza en su constitución. Lo de ‘indiano’, por ser de origen indio, la costumbre de llamarle indio al nativo se refleja en su trabajo. (FB)
Magdalena: Del mar… con amor
Las artesanías constituyen un recurso turístico para Santa Marta. Los visitantes, especialmente los extranjeros que arriban a la ciudad en cruceros, suelen llevarse a sus países las artesanías que elaboran los nativos, de manera concreta las que elaboran con productos que extraen del mar y los elementos que fabrican los aborígenes de la Sierra Nevada.
Es por ello que en Santa Marta asoma como principal producto artesanal los adornos elaborados con caracoles y las mochilas hechas manualmente por los indígenas arhuacos y koguis. Estas son elaboradas con asiento en la Sierra Nevada. Unas son elaboradas en lana, otras en fique. Unas en lana; otras en fique. Pero además el ingenio del samario lo lleva a construir otros adornos con cocos, palmas y con materias primas que brinda la propia naturaleza. (AI)
Hamacas, símbolo artesanal de Bolívar
Una hamaca tejida en San Jacinto, Bolívar, es algo más que un elemento utilizado para el descanso y el ocio. Esta cama del aire representa, en su multicolor tejido, más de 200 años de historia, pujanza, sinsabores, alegrías y esperanza de un pueblo que toda su vida ha girado alrededor de todo lo que significa este producto parido por un telar.
Ha sido tan importante para la cultura sanjacintera y bolivarense la hamaca, que en el mundo se le conoce por ella, que, de paso, también es la responsable para que en el folclor se reconozca la grandeza de sus hijos y el sentimiento de amistad que carga consigo.
Para dormir en una hamaca hay que conocer sus secretos, pues como las mujeres, tienen piernas y ellas pueden ser definitivas para un buen o un mal dormir.
Hay que saber empitar la cabeza, hacer el nudo para amarrarla, colocarla a una altura pareja y dejar que el cuerpo repose como si flotara en una piscina.
El maestro monteriano Benjamín Puche Villadiego, que en paz descanse, aseguraba que el único remedio que existía para evitar que una pareja se divorciase era dormir en una hamaca. “Nunca, pero jamás pueden separar sus cuerpos”, advertía.
Pero la hamaca también tiene su historia triste. Una tejedora de hamacas, que para su hechura gasta bastante tiempo y agota sus fuerzas en el telar y la paleta, obtiene unas ganancias pírricas por el esfuerzo de más de 15 días, pero aún así, las mujeres de San Jacinto no han querido perder la tradición y se las han arreglado para conformar cooperativas que poco a poco las ha ido sacando del ostracismo y de la pobreza ancestral.
Además de haber sido la protagonista de célebres cantos como el de la ‘Hamaca grande’ de Adolfo Pacheco, también ha incursionado por las páginas gloriosas del Nobel García Márquez, al lado de sus paisanos, ‘Los Gaiteros’ de San Jacinto.
Incluso, la hermosa hamaca color turquesa que adorna la carátula del libro ‘El General en su Laberinto’ es una de las obras de arte que han tejido las manos prodigiosas de las hermanas Peñaloza, hoy por hoy, las más cotizadas entre las centenares de tejedoras del pueblo, y quienes han creado vistosos diseños, diferentes a las tradicionales rayas y a los lampazos antiguos.
La costumbre es que en la casa el marido construya un telar con madera del monte, para el que se destina un lugar especial en la vivienda para colocarlo.
La hamaca que se teje en tela queda en una sola pieza, no se corta, no tiene remate ni costura, lo que le da un valor especial.
“Cuando yo estoy tejiendo una hamaca me siento gozosa, ella inspira alegría y tristeza dependiendo de cómo me vaya quedando; es una actividad para el alma que además de tener técnica tiene forma, ritmo y color. En ella se plasma mi sentimiento”, dice Miriam Alfaro, una curtida tejedora de San Jacinto (JD)
La Guajira, de la mano de las tradiciones wayuu
El ‘süi’ —chinchorro—, el gran señor de la artesanía; las mantas, que es el vestido de la mujer; la ‘susu’, o mochila; la ‘siira’ o faja masculina que sostiene el calzón del hombre; el sombrero; las ‘waireñas’ –sandalias—, y la ‘karratza’, o diadema, dejaron de ser prendas exclusivas del hombre y la mujer wayuu, para ser lucidas en el resto del país y en el extranjero.
Los trabajos tejidos por las suaves y diestras manos de las mujeres de esta etnia, la calidad del tejido, sus materiales y los llamativos colores, que han sido el motor y la inspiración de la nueva generación de diseñadoras guajiras, que le están imprimiendo a la moda de la Costa y el país, una nueva tendencia donde lo étnico y lo contemporáneo se conjugan.
Las ancestrales prendas de vestir que manualmente en sus telares y con sus agujas son puntadas originales, que muestran la laboriosidad y dedicación de la mujer guajira.
Las mantas wayuu, reforzadas con dibujos de la cotidianidad de está raza, a la vez que hacen homenaje a sitios turísticos, nombres de rancherías, de tótems, animales, frutas y todo lo concerniente a esta etnia, conforman los trabajos elaborados por la artesana María Concepción ‘Conchita’ Iguarán y la diseñadora Marta Arredondo Arteche, que