El 22 de junio de 1986, en los cuartos de finales del Mundial de Fútbol, el seleccionado de Argentina logró anotar a los 51 minutos, frente a Inglaterra, a través de su astro Diego Armando Maradona.
Esa anotación pasó a la historia porque los asistentes al estadio Azteca, de la capital mexicana, y ‘casi’ todo el planeta Tierra, por intermedio de la televisión, pudo ver que la estrella gaucha había conseguido vencer al arquero inglés Peter Shilton porque metió el balón con la mano.
Esa conquista trascendió y quedó registrada en la historia como ‘el gol de la mano de Dios’. El árbitro Alí Bennaceor, de origen tunecino, señaló la mitad del campo, dándole legalidad. Minutos después, luego de dejar regados a seis rivales en diez segundos, Maradona aseguró el triunfo y Argentina resultó campeón.
Edgardo Arrázola Jr,
Esa conquista trascendió y quedó registrada en la historia como ‘el gol de la mano de Dios’. El árbitro Alí Bennaceor, de origen tunecino, señaló la mitad del campo, dándole legalidad. Minutos después, luego de dejar regados a seis rivales en diez segundos, Maradona aseguró el triunfo y Argentina resultó campeón.
¿Pero qué hubiera pasado si Diego Armando reconoce ante el central que la acción fue ilegal? Quizás en su país millones de personas no lo hubiesen aceptado.
Pero hay la certeza que también millones de aficionados le habrían ofrecido un recibimiento con aplausos incluidos. Y perdonado muchos de los desaciertos de su azarosa vida.
Así como esa mano solo fue reconocida por su protagonista muchos años después, en el deporte hay casos de honestidad que han dejado una verdadera enseñanza de inmediato.
Roberto De Vicenzo, argentino, toda una figura del golf, en el Máster de Augusta, Estados Unidos, firmó la tarjeta con un golpe de más.
Roberto De Vicenzo es muy recordado por un grave error que cometió en el Masters de 1968. Al finalizar el torneo anotó en su scorecard una cantidad de puntos más alta de la que realmente tenía. El error se produjo con la puntuación del hoyo 17, en el cual colocó un par 4 cuando en realidad estableció un birdie 3. De Vicenzo terminó perdiendo un torneo que había ganado legítimamente. En el desempate, Bob Goalby se adjudicó el Abierto. Cuando el argentino se enteró del error que cometió, sólo pudo expresar una simple frase, la cual quedó para la historia: “Qué estúpido que soy”. Él, considerado uno de los deportistas más destacados de todos los tiempos en su país, se adjudicó la asombrosa cantidad de 230 torneos alrededor del mundo, incluidos 4 torneos del PGA Tour y el Abierto Británico. Al español Sergio García, otro estelar, le sucedió lo mismo en un torneo del PGA Tour, este año.
Y como hecho destacable, en esta lista de lecciones de honestidad, hay tres barranquilleros: Mario Sojo denunció una mala anotación en un torneo celebrado en Punta del Este, Uruguay, Ana María Puche hizo lo propio en una gira Nororiental, en el Country Club de esta ciudad.
“Yo anoté mal, y entregué la tarjeta al director del certamen. Después confirmé el error. Pude quedarme callada y nadie se hubiera percatado. Pero no, denuncié el hecho y eso me dejó por fuera. El que hace trampa en el golf también la hace en cualquier otro frente de la vida”, comentó entonces esta golfista que en la actualidad juega con una universidad estadounidense.
Y el último caso es el de Edgardo Mario Arrázola Escolar. Para este joven de 13 años de edad si algo no le es extraño es el golf, porque el mismo le viene en los genes, gracias a sus abuelo, Ernesto Arrázola Madrid y su bisabuelo Carlos Meisel Ujueta. Y la muestra de ello es que a los dos años ya estaba dándole los primeros golpes a la bola. Su hermano, Juan Pablo, tres años menor, le sigue los pasos en esta tercera generación de los Arrázola Escolar. Se resalta que Juan Pablo tiene en su haber un Hoyo en Uno cuando tenía siete años, eso fue en mayo de 2004, en los campos del Country Club.
Edgardo Mario cursa el octavo grado en el Altamira International School, donde su mamá Luz Marina Escolar es profesora de segundo grado. Allí le han brindado las facilidades para que pueda continuar con su deporte favorito.
UNA ANOTACIÓN FATAL
Del 21 al 23 de septiembre de este año las canchas de los clubes Lagos de Caujaral y Country, fueron escenario de la II Parada Nororiental Nacional, en las categorías infantil y juvenil, de golf. 115 jugadores en total, concurrieron de las ciudades de Bucaramanga, Barrancabermeja, Montería, Cartagena, Santa Marta, El Cerrejón y Barranquilla.
Edgardo Jr. hizo parte de la delegación anfitriona, en la categoría 12-13 años, en la que se inscribieron 28 deportistas. El primer día de competencias, este barranquillero hizo 79 golpes. Y aquí comienza la historia. En el golf, el puntaje es llevado por el rival, como una prueba más de que este, es un deporte de caballeros.
“Cuando terminé mi recorrido contabilizaba 79 golpes, pero el que llevaba mi cuenta colocó 78. Mi papá, Edgardo Arrázola Meisel, había estado en la mesa de control y había visto que aparecía con un golpe menos y me lo comunicó. De inmediato me dirigí a la planilla para aclarar que había una equivocación. La tarjeta ya la había firmado, y con ello, automáticamente, me eliminaba. Lo que, efectivamente, sucedió”, comenta Edgardo Jr.
Los hermanos Juan Pablo y Edgardo Jr. Arrázola Escolar también se lucen en los campos de golf.
Y continúa, “mi padre me miró y entendí lo que tenía que hacer: ir a denunciar el error aunque eso significara dejar el torneo. Le consultamos al juez y confirmó mi salida. Eso no me afectó. Por las enseñanzas de mis mayores sé que primero está la honestidad, la verdad, sin importar las consecuencias. Yo estaba a dos puntos del líder pero mis principios fueron más fuertes”
“Tenga la seguridad de que no hubiese quedado tranquilo de haberme quedado callado. El golf es un deporte de caballeros, y siempre impera la honestidad. El que llevaba mi cuenta en un momento de distracción no vio cuando yo fallé en un golpe, ahí estuvo la confusión, pero igual, insisto, tenía que denunciar la falla”.
En un mundo de mentiras, deshonestidad y falsedad, este costeño dio una lección. No hubiera extrañado, debido a sus condiciones naturales y técnicas para jugar el golf, que se quedara con el título. “Hice lo correcto, porque quizás ese golpe de menos hubiera servido para ganar”, apunta feliz.
El campeón fue un jugador de Bucaramanga, quien, precisamente, estaba empatado con Edgardo Jr en el segundo puesto, con 78 golpes.
Él ha representado a la Costa Caribe en el Campeonato Nacional Infantil, en los clubes Campestre de Pereira, en 2006, y Guaymaral de Bogotá, este año. También tiene varios triunfos ante rivales de su misma categoría y adultos en los Abiertos del Country Club y Lagos de Caujaral, así como en las diferentes ediciones del torneo ‘Manuel De la Rosa’ que se juega todos los años. Además, fue campeón en la parada de la Gira Nororiental que se jugó en esta ciudad en marzo de 2005 en la categoría 10-11 años. Igual se ha lucido en eventos celebrados en Texas y la Florida. Y lo que tiene aún es vida para que el deporte le brinde la oportunidad de lucirse.