Por IVÁN BERNAL MARÍN ivan.bernal@elheraldo.com.co
Extiende el brazo que hace solo 20 días no podía flexionar y saluda con firmeza. Vivió 23 años con su extremidad derecha rígida, torcida hacia atrás y con los dedos del puño apretados, sin la capacidad de moverlos. Gracias al liderazgo que ha cobrado en la región la unidad de neurociencias del Hospital ESE Cari, Elizabeth Coronel Camargo, de 27 años, encontró en un novedoso procedimiento médico la manera de cambiar su destino sin tener que gastar un peso.
En el Cari, que hace parte de la red pública hospitalaria de Barranquilla, se ha venido realizando una serie de intervenciones de neurocirugía de la más alta complejidad y tecnología de punta, como lo explica su gerente Óscar Rosales. “Integramos la parte de neurología clínica con la neurocirugía.Estamos dando respuesta a las necesidades de la población atlanticense al ofrecer estos nuevos servicios”, indica.
La cirugía estereotáxica tiene un margen de error no mayor a medio milímetro. Además, permite a los médicos probar la respuesta ante distintos estímulos
El funcionario asegura que es la primera vez que los servicios que se están implementando, como la cirugía practicada a Elizabeth, son efectuados en un hospital de este tipo. “En instituciones públicas no se había realizado este tipo de intervenciones de estimulación cerebral profunda”, apunta.
Con el procedimiento se beneficia una serie de pacientes con dificultades y patologías que tienen que ver con movimientos anormales y problemas de comportamiento. “Mejoramos no solamente la calidad de vida del paciente sino de su familia, de su entorno y de la sociedad misma”, señala Rosales.
LA PRIMERA BENEFICIADA
Hoy Elizabeth se cruza de brazos y sonríe, algo que nunca hizo en toda su vida adulta. “Después de 15 días de la operación esperarías encontrar una persona tumbada, pero yo me siento perfectamente y sigo con mi vida normal”, dice con razón, ya que por la vitalidad que transmite su facilidad para hablar del problema que la aquejaba, costaría pensar que acaba de salir de una operación en la que le fueron instalados dos nodos eléctricos en el cerebro y un marcapasos en el pecho.
Elizabeth cuenta que a los cuatro años, a raíz de un sarampión, sufrió una vasculitis, un trastorno o daño en los vasos sanguíneos. Fue víctima de una parálisis total durante 24 horas. Aunque pudo recuperarse, quedó con la secuela de una distonía espástica, la cual se manifestaba en la tensión de los músculos del hemisferio derecho de su cuerpo. Su boca se torcía, no podía flexionar su pie derecho, el brazo ni la mano.
Con la cirugía estereotáxica, nombre que recibe el procedimiento que le practicaron, ha notado una recuperación inmediata de la movilidad. “Mi enfermedad estaba comenzando a volverse incapacitante por el dolor que provocaba. He sentido la mejoría. Puedo abrir la mano y mover bien mi pie. Incluso puedo agarrar cosas”, señala. En un término de tres a cuatro meses, con ayuda de terapias físicas para rehabilitar los músculos que tiene atrofiados, podrá experimentar el resultado total de la operación, que ha servido además para detener el deterioro que venía sintiendo en sus articulaciones.
“No espero moverme al 100% como si estuviera normal, pero el cambio ha sido notable. La deformidad ya era mucha”, dice la paciente. Ricardo Feris Chadid, neurocirujano especialista en cirugía estereotáxica, quien participó en el procedimiento, asegura que aunque no se llega a una recuperación al 100% de la movilidad, sí se logra recobrarla en un alto porcentaje, como en este caso. “Es muy difícil volver a restaurar lo que la naturaleza nos dio”, apunta.
El tratamiento a esta patología en una entidad privada puede tener un costo de 100 millones de pesos, por eso es considerada una enfermedad catastrófica.
UNA NEURONA ARTIFICIAL
El cuerpo médico de especialistas que estuvo a cargo de la intervención quirúrgica define el tratamiento como la instalación de una especie de neurona artificial. Anteriormente a este tipo de procedimientos, los pacientes con la enfermedad de parálisis estaban condenados a quedar así de por vida. Hoy pueden reinsertarse a su vida normal y sentirse útiles. “Le devolvemos una persona muy valiosa a la sociedad y a su familia”, afirma Ricardo Feris.
Entre los que se pueden beneficiar con la cirugía estereotáxica están pacientes con enfermedad de Parkinson, epilepsia intratable, distonías y agresividad incontrolable. Después de la valoración de un protocolo de médicos interdisciplinares, se determina qué pacientes son aptos para acceder a la operación. “En conjunto con el doctor Juan Carlos Benedetti, del grupo de neurocirugía funcional de esta institución y todo un equipo a nuestro lado de neurólogos, fisioterapeutas, neurosicólogos, enfermeras y paramédicos, se lleva a cabo exitosamente el proceso”, recalca Feris.
La operación, por lo delicada que es, se puede tomar un día entero a causa de los cuidados que hay que tener. Se hacen dos pequeños orificios para introducir los electrodos, a través de un método estereotáxico extremadamente preciso, con un margen de error de menos de medio milímetro, según explica el especialista. “Dentro de una estructura funcional del cerebro implementamos los nodos. Se hace el blanco anatómico y se verifica en el acto quirúrgico si se está en el sitio correcto para ver si se retira o se profundiza más el electrodo”, precisa.
Posteriormente se regulan los puntos de contacto del electrodo dentro del cerebro, para buscar la mejor respuesta para que el paciente responda como se espera. “Es un estimulador, con un marcapasos que va debajo de la piel que estimula de forma artificial, lo regulamos a nuestro deseo según la respuesta del paciente. Se ubica tres o cuatro centímetros debajo de las costillas”, señala Feris.
De acuerdo al sitio donde estén colocados los electrodos, se van activando determinados puntos de contacto. “En donde tengamos mejor respuesta entre esos puntos, quiere decir que es el blanco ideal para que el paciente mejore”, añade el especialista.
La gran ventaja del procedimiento es que es reversible. Si no hay un resultado deseado, se pueden retirar los electrodos y recolocarlos sin ningún daño a nivel de la corteza cerebral. Antiguamente las intervenciones quirúrgicas lesionaban esta corteza. “Esto es un avance científico de unas proporciones inconmensurables para nosotros como médicos. Poder hacer algo y reversarlo, y luego volver a intentarlo, eso es muy importante”, puntualiza Feris.