Miro a corta distancia a los periodistas ecuatorianos con quienes deliberé en largas y apasionantes sesiones sobre los dilemas profesionales que les plantea el proyecto de ley de comunicaciones del presidente Correa; antes había estado con los periodistas venezolanos en distintas ocasiones.
A veces, los que creen en el régimen a un lado y los opositores al frente, en un diálogo en que los hermanaba el amor por la profesión. Hace pocos días mis interlocutores fueron los periodistas bolivianos de Santa Cruz de la Sierra y de Cochabamba, antes habían sido los de La Paz y en dos semanas serán los de Trinidad. En todos esos diálogos el tema único ha sido su profesión vista a la luz de los valores éticos.
Tengo que usar la incómoda primera persona para hablar de los 15 años de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Fnpi. Ha sido un largo período para estudiar, discutir, estimular y fortalecer la vigencia de los principios éticos de los periodistas latinoamericanos. Comenzamos en 1995 con un taller en el que estuvo presente con los 20 periodistas convocados, el promotor y apoyo principal de esta actividad, Gabriel García Márquez.
Creo que para esos periodistas como para mí serán difíciles de olvidar esos dos días en que él compartió sus experiencias, entonces escribía Noticias de un secuestro. Se le veía feliz en la comunicación con los colegas, y fue tanto su entusiasmo con los talleres de ética, que propuso para los talleres sobre otras materias un componente ético. Para él la ética no es una condición ocasional, sino permanente, tanto en la formación como en la actividad de los periodistas.
Otras organizaciones para periodistas acogieron la idea. El Foro para Periodistas Argentinos, Fopea, en un taller organizado por la Fnpi acometió la tarea de redactar su propio código de ética, y al cabo de tres años lo adoptó en un Congreso nacional.
Con motivo de ese congreso, la fundación llegó hasta la Patagonia en un memorable taller al que concurrieron periodistas que habían viajado hasta catorce horas por entre los desiertos de ese mágico rincón del mundo.
Difundida la inquietud y alimentada por el Consultorio Ético en la página Web de la Fundación, durante los últimos diez años no ha cesado la actividad de los periodistas del continente alrededor de la ética de su profesión. De su propia iniciativa han organizado talleres en Chile y Argentina, también en Paraguay, en Ecuador, Perú, Venezuela y en Bolivia.
Los periodistas de República Dominicana y los de Puerto Rico comprendieron la importancia del tema con un entusiasmo parecido a los de Panamá, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala.
En algunos casos movilizaron a la academia para adelantar postgrados o diplomados como los que se celebraron en la Universidad Santa María de Panamá, o en el Instituto Técnico Particular de Loja.
En dos ocasiones el instituto Tecnológico de Monterrey, en México, montó un aula virtual de ética para más de 400 alumnos distribuidos en el continente, y en Washington, durante 9 años el International Center for Journalists mantuvo un curso anual de ética para periodistas de todo el continente.
Los talleres de ética también llegaron a las redacciones: los redactores de Reforma, en Ciudad de México suspendieron sus actividades para un taller de dos días; en El Comercio de Lima y en El Comercio de Quito, lo mismo que en EL HERALDO, bajo la dirección de Juan B. Fernández, y en El Universal de Cartagena, los talleres movilizaron a las redacciones.
Han sido 15 años de renovación del alma de la profesión, que fue el sueño inicial del creador de la Fnpi.