Barranquilla. Junior atacó por la izquierda, por la derecha, por el centro, por arriba, por abajo, a media altura, con pelota quieta, con paredes, con cabezazos, con remates de larga, media y corta distancia, con delanteros, con volantes y hasta con defensas. Solo faltó que el guardameta Didier Muñoz fuera a pescar un centro.
De todas las formas posibles, el cuadro rojiblanco trató de conseguir el empate ante el Cúcuta, pero la mala definición, los palos, el arquero Andrés Saldarriaga y la mala suerte se lo negaron durante todo el partido.
Con un planteamiento ultradefensivo, el colero del campeonato consiguió vencer 1-0 a los tiburones.
El partido fue una herradura. Los rojiblancos tratando de buscarle la llave al candado, mientras el conjunto ‘motilón’ se dedicaban a defender con todos sus jugadores. ¡Hasta los delanteros estaban metidos en el área defendiendo el tanto convertido por Lionard Pajoy a los 10 minutos de juego.
Junior contó con unas ocho oportunidades claras (¡clarísimas!) de convertir un gol. Sin embargo, no era el día de los dirigidos por Julio Comesaña.
Desde el primer tiempo el Cúcuta mostró abiertamente que sus intenciones eran básicamente defensivas y con una doble línea de cuatro le cerró el paso a los ataques del local.
Los rojinegros se plantaron firmes en la zaga a la espera de un error del rival, que para infortunio del Junior llegó.
Alfredo Padilla perdió un balón con James Castro, quien emprendió un contragolpe por derecha, desbordó y mandó un pase atrás que encontró a Pajoy solitario entrando de atrás. El habilidoso atacante la tocó a un costado y abajo para vencer a Muñoz y poner el 1-0.
Junior reaccionó y se fue en busca del gol, pero de ahí en adelante todo fue ¡uyyy! ¡uyyy! y más ¡uyyy!
Todas los chances terminaban desviadas, estrelladas en el arco o en las manos de Saldarriaga, quien se encargó de quemar todo el tiempo posible con falsas lesiones.
Al final quedó el sabor amargo de una derrota injusta que complica la situación del equipo en la lucha por el descenso (más si se tiene en cuenta que vienen dos partidos de visitante ante Quindío y Nacional).
En medio de la tristeza reconforta ver a un equipo que sudó la camiseta. La gente supo agradecer esa entrega y despidió a los jugadores en medio de coros y un sonoro aplauso.
Tres razones de la derrota
La mala definición. Andrés Saldarriaga fue figura y hubo jugadas increíbles donde faltó un poco de suerte, pero el principal inconveniente para que Junior no anotara un gol fue la falta de tranquilidad y puntería para concretar.
El error en el gol. Cuando hay equipos que vienen a plantear estrategias extremadamente conservadoras y que apuestan a la equivocación del contrario no se puede dar ‘papaya’, como se dice coloquialmente.
Táctica del Cúcuta. Aunque para la retina del espectador es un trabajo tedioso y opaca el espectáculo, las propuestas defensivas como la implementada por Aníbal Ruiz son totalmente válidas en el fútbol.
El mejor rival
El arquero Andrés Saldarriaga fue el escollo más grande que tuvo el ataque del Junior. Sus atajadas le significaron tres puntos al equipo motilón. Además enfrió los ánimos locales.
Dos detalles
La ovación a pesar de la derrota. El público reconoció la entrega y juego del Junior en medio de la dolorosa caída. Todos los jugadores, especialmente Giovanni Hernández, salieron aplaudidos.
Falta consolidar un jugador sub 19. Junior sigue sufriendo con un cambio cantado.
10 partidos sin perder y ocho victorias consecutivas completaba el Junior en el estadio Metropolitano. El Cúcuta cortó la racha positiva en en casa.