El museo Rafael Escalona es una de las principales atracciones del Parque de la Leyenda Vallenata, en Valledupar.Foto Hernando Vergara
Cuando Gabo ganó la fama mundial con su ‘Cien años de soledad’ su primer deseo fue venir a disfrutar de una parranda vallenata con sus amigos de siempre, los del Grupo de La Cueva. El llamado Grupo Barranquilla.
Para satisfacerlo, su amigo Álvaro Cepeda Samudio le reunió a los mejores compositores, acordeonistas, guitarristas y cantantes del momento, y el sitio que escogió para ese feliz encuentro no podía ser mejor: Aracataca, la tierra natal de Gabo.
Escalona encabezó aquel alicorado homenaje con abundante música y comida. Un año después nació el Festival de la Leyenda Vallenata, en Valledupar, y ya con Alfonso López Michelsen como gobernador del Cesar.
Escalona se había convertido en un amigo cercano de López Michelsen desde cuando este, muy joven, llegó a Valledupar buscando las raíces de su abuela Rosario Pumarejo de López. También era muy amigo de Consuelo Araújo y del ilustre docente del colegio Loperena Alfonso Cotes Queruz, el famoso Poncho Cotes, y también amigo del pintor Jaime Molina. Había compartido letras con el médico ilustrado Manuel Zapata Olivella, con Esteban Bendeck Olivella, su abogado de confianza, pero que nunca usó; Darío Pavajeau, folclorista y gallero más famoso de la región; con el célebre doctor Hernando Molina Maestre y con su hijo Hernandito Molina Céspedes; Roberto Pavajeau, Fabio Lozano Simonelli y Alfonso Fuenmayor.
A casi todos esos amigos los convenció para que apoyaran con entusiasmo el Festival de la Leyenda Vallenata, que él, Consuelo y López Michelsen prohijaron con vigor y acierto.
Dice el arquitecto y compositor Roberto Calderón Cujia que “todos esos amigos –en especial los de La Cueva, con el escritor y periodista barranquillero Álvaro Cepeda Samudio a la cabeza, y todas esas relaciones le dieron un perfil del perfecto intercambiador de cultura y costumbres. Esa trashumancia le permitió imprimir a sus composiciones un lenguaje más depurado, descriptivo y narrativo”.
Eventos fortalecidos
Esa condición natural de ganar amistades con facilidad abrió a Rafael Escalona todas las puertas para convertir el Festival Vallenato en lo que es hoy: toda una leyenda y una plataforma que da impulso a las nuevas generaciones de esta música.
El compositor Roberto Calderón lo recuerda como el gran visionario de eventos como dicho Festival, y como el pionero de la canción vallenata con un estilo narrativo-descriptivo propio, “obviamente sin quitar mérito a lo hecho hasta entonces por otros compositores. Recordemos que el primero en hacerlo fue su propio maestro, don Tobías Enrique Pumarejo, quien también se movió en una estela social de abolengo y de alta sociedad. El relacionarse es algo muy difícil, y relacionarse bien más difícil aún”.
Se fue el hombre del millón de amigos
No es gratuito que los actuales directivos de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata hayan dedicado un salón especial en el nuevo Parque de la Leyenda Vallenata a la vida y obra de Rafael Escalona. Lo hicieron, muy merecidamente, en vida, como un justo reconocimiento a quien fue uno de los principales gestores del evento, gracias a su condición de ser amigo de todo el mundo.
Porque es que para Escalona “era un bocadillo beleño esa actitud de hacerse a una nueva amistad”. En ese aspecto, quien mejor siguió su ejemplo fue el viejo Emiliano Zuleta Baquero, otro gran amiguero.
Y, como dice Calderón Cujia, Escalona “aprendió que lo más importante del ser humano es el relacionarse; así también lo encarnó Juan Jacobo Rousseau. Por eso Escalona dedicó su vida a eso, a tener amigos, y entre tanto Roberto Carlos quería tener un millón de amigos, el maestro Escalona ya los tenía, y con ahijados, y lo más curioso es que los reconoció a todos con sus nombres y apellidos”. Calderón Cujia, quien vive en Barranquilla dedicado a su profesión y a sus canciones, era uno de esos tantos amigos.