Aymará y Juan acompañados de dos argentinos que les ayudaron y les dieron trabajo durante su estadía en Ecuador.
Por Pedro Plata Acevedo
Aymará Laschiaza y Juan Francisco Eyheraguibel son unos argentinos de paso por Barranquilla. Salieron de Bahía Blanca, a 700 kilómetros de Buenos Aires, en un viejo campero con un motor Chevrolet, modelo 70. Fue el 15 de Junio del año pasado. Era domingo, ellos lo recuerdan bien, a las 12 del mediodía. Si todo salía como lo programaron, llegarían a Alaska un año después.
Ese día empezaron a vivir el sueño que por más de 4 años tenían: descubrir y vivir las culturas de los países del continente americano a bordo de su querida estanciera (vehículo tipo campero).
Hoy, después de 240 días de haber partido, 12.627 kilómetros recorridos y 6 países visitados, encontraron en Barranquilla un concesionario de la marca Chevrolet que les ha dado la mano para no frenar en seco su viaje por el daño en el corazón mecánico de su fiel compañera La Celestina, como bautizaron a su carro.
Ahora necesitan conseguir dinero, no saben cómo, para llevar el campero en un buque de carga hasta Panamá.
Este no es el primer imprevisto que les ha tocado franquear. Sentada en un sillón rojo de EL HERALDO, los ojos miel de Aymará iluminan su rostro bronceado al recordar su paso por Bolivia. Allí no lograron sacar dinero de un cajero, cuando sus ahorros aún existían, pues la entidad bancaria no recibía tarjetas extranjeras. Sin más remedio, les tocó dosificar las tres naranjas y el paquete de galletas que le quedaban durante tres días.
Miedo infundado. Él tiene 24 años, es alto y trabajaba en una fábrica de dulces. Ella tiene 22, mide 1,50 metros, es delgada y siempre tiene una sonrisa. Hoy aseguran que Colombia es un paraíso habitado por personas amables y abiertas, antes no pensaban así.
El primer contacto con el país, que creían más peligroso en su ruta, fue el 15 de diciembre en Pasto, Nariño. Ese mismo día su temor se despejó cuando los policías fronterizos, quienes los recibieron como si los conocieran de hace tiempo, les aseguraron que el único riesgo que podrían correr era el de querer quedarse.
Hasta ahora, la pareja ha visitado Pasto, Popayán, Cali, el Eje Cafetero, Medellín, Coveñas, Tolú y Cartagena.
En Barranquilla están hospedados en la casa de Eduardo De La Hoya, un barranquillero que también ha viajado a otros países de la misma forma.
En su meta los espera el clima glaciar de Alaska, pero mientras llega ese momento seguirán con su idea de aprender y unir las culturas americanas.