Brett Rezek, de EU, es profesora del colegio etnoeducativo Paulino Salgado ‘Batata’ del barrio Nueva Colombia. Foto Gabriel Stargardter
Por Gabriel Stargardter
Guido Pallini, un italiano de 24 años, está pasando una época de voluntario por la FAU, basado en Popayán. Según él, para la comunidad voluntaria internacional, Colombia es un país ideal. Los varios problemas criados por el narcotráfico, la guerrilla, los paramilitares, y la violencia, ofrecen a estos samaritanos una oportunidad para ver de primera mano cómo su trabajo ayuda a las comunidades.
“Yo estudié economía en Roma, hice un intercambio en Buenos Aires, y después una pasantía en Londres en un banco de inversiones. Luego me gradué y estuve buscando trabajar en lo social, o por lo menos en una organización no gubernamental para abrir mi mente”, comenta. “Pero también porque esto es una inversión en mi carrera”.
Para muchos europeos que pueden aprovechar de un cambio de monedas favorable, un período de tiempo de voluntario en Colombia puede salir más barato, y aun más agradable, que una maestría o un curso educativo.
Brett Rezek, una profesora estadounidense en el colegio etnoeducativo Paulino Salgado ‘Batata’, en Nueva Colombia, estudió relaciones internacionales en la universidad. Cuando terminó, trabajó por dos años para ahorrar lo suficiente para venir a Colombia.
“Después de la universidad, tenía tiempo para decidir qué quería hacer, pero siempre quise viajar y aprender un idioma”, dice.
Ella quiere hacer una maestría en desarrollo internacional, y dice que este periodo de tiempo le ayudará con su aplicación.
“Todavía no sé cómo voy a pagar mi maestría, con un préstamo y la ayuda de mis padres supongo, pero muchas universidades piden algún servicio voluntario y me sale mucho más barato e interesante en Colombia”, dice.
Para Pallini, la oportunidad de practicar su español, y apoyar los esfuerzos de las varias organizaciones no gubernamentales fue algo que no se quiso perder, y según él, tanto la FAU como él mismo lo han aprovechado. Pallini ha ofrecido sus servicios como economista, un rol con el cual la organización no contaba antes, y ellos disfrutan de un punto de vista extranjero.
Además, los problemas sociales que se encuentran en Popayán fueron otras de las cosa que lo atrajeron a Colombia.
“Antes hubo mucho problemas sociales entre campesinos e indígenas por la tenencia de la tierra. Gracias a mucha inversión –construcción de acueductos, y obras de saneamiento– se ha firmado un pacto de convivencia. Poder trabajar en esta área me interesa mucho”, afirma Pallini.
Aunque Pallini comenta honestamente que espera algún día trabajar en un banco de inversiones, no cree que las profesiones de desarrollo y de finanzas son de mutua exclusividad, y opina que los beneficios de los dos se pueden combinar.
¿Y sus impresiones del país? “Cuando me dijeron el nombre Colombia, pensé en la guerrilla y el narcotráfico. La imagen de Colombia no es tan positiva. Pero al final pensé que iba a ser una ocasión única para conocer un país muy interesante. Claro, mi familia y mis amigos se preocupan bastante, pero yo les aseguro que no hay por qué preocuparse”, dice Pallini.
Con su pelo en trenzas al estilo afro del barrio, pareciera que los colombianos ya aceptaron a Rezek con brazos abiertos, y ella afirma que el sentido es mutuo. “Estoy tratando de extender la visa”, dice. “¡Me quiero quedar más tiempo!”